El problema se llama Magdalena

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

01 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN VÍSPERAS de las elecciones autonómicas, y convencido de que puede ganarlas, Pérez Touriño eligió la peor alternativa, y, en vez de ponerse rojo una vez, y decir toda la verdad sobre el Plan Galicia, optó por ponerse «un ciento colorado», para hacernos tragar en pequeñas dosis lo que Magdalena Álvarez dijo en menos de un segundo: que el Plan Galicia se va a quedar convertido -¡con perdón!- en una mier(da). La señora ministra había iniciado sus visitas a Galicia con otro enfoque, que, aunque a nosotros nos fastidiaba mucho, conectaba muy bien con lo que decían Touriño y Zapatero cuando estaban en la oposición: que el Plan Galicia era un bluf, que pecaba de improvisación y electoralismo, y que debía ser reconvertido a una nueva acción de gobierno más realista. Pero Pérez Touriño vio el poder al alcance de la mano, y, en vez de intentar ilusionarnos con una alternativa al paternalismo fraguista, decidió competir por el título de Conseguidor Mayor del Reino de Galicia . Por eso forzó a Zapatero a dar un giro estúpido en su tratamiento del Plan Galicia y, dejando en ridículo a la ministra de Fomento, empezó a decir lo contrario de lo que antes solían: que el Plan Galicia es una cosa «guay del Paraguay», y que ellos lo van a hacer más grande y con más colores que Aznar. Consecuencia de todo aquello, a Magdalena Álvarez se le acumula el trabajo en las ruedas de prensa, ya que está obligada a hablar de un Plan etéreo, a hacer promesas en las que no cree, a puntualizar cifras y calendarios que son puras elucubraciones, y a dar la sensación de que todo va bien cuando ya es evidente que todo va mal. Por eso se le calentó la olla hasta tal punto que acabó diciendo lo que en verdad piensa: que el Plan Galicia es una entelequia en su conjunto, y que los responsables del Ministerio de Fomento sólo lo ven como una patata caliente que tratan de enfriar amodiño . La historia de Galicia, que aguantó muchas desgracias y a muchos inútiles, también va a aguantar sin problemas los excesos verbales, a micrófono presuntamente cerrado, de doña Magdalena. Pero el sistema democrático exige algunos tributos que puedan resarcirnos de tanta torpeza y demagogia. Y por eso pienso que sólo hay una forma digna de terminar esta historia: resolver la contradicción entre Zapatero y su ministra con una dimisión (cualquiera de los dos me vale), y que nosotros, los gallegos, le enseñemos a Pérez Touriño que para hacer de Fraga ya tenemos a Fraga, y que jugando así, con nuestras cosas, no se llega a Raxoi. Porque si todo sigue igual, y aquí no pasa nada, tendremos una democracia «de mier¿». Aunque sólo podamos decirlo, como doña Magdalena, a micrófono cerrado.