Necesario pragmatismo

OPINIÓN

HACE dieciocho meses, cuando se preparaba una visita del presidente ruso Vladimir Putin a París, el filósofo André Glucksmann, conocido por su continuada defensa de los derechos humanos de los chechenos, le pidió una entrevista al ministro de Asuntos Exteriores francés Dominique de Villepin, muy popular por pedir el abandono de la lógica de la ocupación en Irak para crear un clima de respeto de los derechos humanos. El ministro recibió al filósofo, que le expuso la necesidad de recordarle a Putin ciertos derechos elementales que Europa reconoce a la población civil. La respuesta la cuenta el propio Glucksmann en su libro Occidente contra Occidente . Dice: «Afable, el ministro quiso precisar que, si los intelectuales tienen el deber de alertar al público cuando no se respetan las normas fundamentales, los políticos se ven contenidos y coartados por un necesario pragmatismo». Vivir para ver. El ministro de Asuntos Exteriores francés que con más brillantez argumental condenó la guerra de Irak, no tenía palabras para condenar otro conflicto no menos bélico y brutal: la guerra rusa en Chechenia. ¿Y por qué no podía hacerlo? «Por un necesario pragmatismo», es decir, por mantener y afirmar el eje París-Berlín-Moscú que en aquellos momentos encarnaba el frente antiamericano (o anti-Bush, para ser más exactos) en el naciente conflicto iraquí. Francia ya había optado entonces por una estrategia de tensión transatlántica, con el propósito de mantenerse como potencia de primera fila en un mundo multipolar. Para conseguirlo, necesitaba impedir que Bush convirtiese en obsoleto el Consejo de Seguridad, donde París conserva un derecho de veto permanente y donde su diplomacia tiene ocasión de desplegar sus habilidades. En este sentido, defender su papel en el Consejo de Seguridad era «un necesario pragmatismo». Una lección que quizá está en la mente del ministro Moratinos, cuando afirma que quiere sacar a la diplomacia española de su torre de marfil. Y es que el pragmatismo es sólo una parte necesaria de la realidad, de la que conviene hacer un uso adecuado.