Sin escaño

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

LA CONFIRMACIÓN de la pérdida del escaño parlamentario europeo que tenía el Bloque nacionalista gallego no merece muchas lágrimas, ni para los liberales españoles, ni para los que en general querrían ver alejados del espacio político la demagogia y sus múltiples caras de ambición, ignorancia e hipocresía. Para buena parte del electorado gallego ha resultado intragable la oportunista coalición de un conglomerado que se autoproclama de izquierdas con la repugnante extrema derecha racista vasca y con los más rancios representantes del capitalismo ventajista catalán, agentes activos históricos y actuales del retraso relativo, la discriminación e insolidaridad que se padecen en otras regiones de España, entre ellas Galicia, y de la que sólo el PNV ha obtenido ventajas. Los malos resultados obtenidos por la alianza contra natura conocida como Galeuzca también han provocado amargas reflexiones en Cataluña pese a que CiU ha salvado un escaño. Durante toda una generación, Pujol se ha considerado la cara menos fanática y abusona del nacionalismo, pero la nefasta contra educación de la juventud catalana, criada en la preferencia por lo propio antes que por lo bueno, el sectarismo y el instinto tribal, han pasado factura a su formación tras el ocaso del virrey sol. Puestos a ser insolidarios y regresivos mejor los de la Esquerra que además de una sólida tradición golpista contra la República tienen grosería y mala educación. O los otros nacionalistas catalanes los «maragallianos» en coalición con el antes llamado PSOE y ahora hegemónicos gracias a la debilidad de ZP. Y volviendo a Galicia, mal asunto sería caer en la «nacionalización» del socialismo local, para aprovechar espacios y compensar también con más tribu, el instinto tribal catalán. Sólo la educación en y la defensa de los mejores valores de la tradición de la izquierda como el internacionalismo, la igualdad y la solidaridad pueden hacer mejorar establemente a los socialistas gallegos.