Porca ministra

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

CASI TODAS las nuevas ministras han metido a Zapatero en un brete con «salidas» derivadas de la efusión del estreno de cargo o de la ansiedad de contraste inmediato con la política anterior. Pero lo de Magdalena Álvarez cae directamente en la chabacanería política. La discreción es al alma -y hablo de una dama- lo que el pudor es al cuerpo. Quizá la señora Álvarez, Mandatela para la perspicacia andaluza, esté demasiado segura de sus convicciones, de su testosterona, de que llegada la ocasión ha de «tirar para su tierra» o de la irrefrenable fuerza de la paridad de sexos en el Gobierno, que todo lo igualaría, por encima del pudor y de la discreción. Se equivoca. Su error político es de los que pasan inevitable factura. Tuvo hasta gracia lo del ministro Trillo con su desliz a micrófono presuntamente cerrado. Pero esto de utilizar lenguaje escatológico, de segunda acepción, para referirse al Plan Galicia, es de cese inmediato, y sin agradecer los «servicios» prestados.