Irak ya es libre

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

ESTAMOS encantados. Irak es desde ayer un país soberano. Así que, problema resuelto. Por sorpresa, por no decir con nocturnidad y alevosía, Irak ha recuperado su autogobierno aunque lo hiciera en un acto casi clandestino. Tiene cierta gracia hablar de un país soberano cuando se mantiene bajo la ocupación de un ejército invasor. Pero también tendrá gracia ver cómo, a partir de ahora, no faltará quien se acoja a este nuevo estatus para reprobar todo cuanto en el futuro allí ocurra. ¿Qué cambia en Irak tras el traspaso de poderes? ¿Podemos dar por cerrada la guerra iniciada hace quince meses? ¿Son hoy los iraquíes más libres de lo que lo eran ayer? Ninguna de las preguntas precisa de respuesta. Porque el descalabro se mantiene intacto. El país va a seguir siendo un avispero; los muertos van a seguir contándose por centenares y los coche-bomba y los secuestros, por decenas. Tan sólo el motivo del adelanto del traspaso, evitar atentados contra la ceremonia prevista, pone de manifiesto el clima de incertidumbre que impera y la escasa confianza que se tiene en la normalización del país. Quienes defendieron y propulsaron la acción bélica situaron en el acto de ayer el fin del conflicto. Pero no preveían un desastre como el ocurrido. Por eso, con soberanía o sin ella, Irak seguirá siendo un país decidido a defenderse de los invasores. Y necesitado de reparar las heridas que le propinaron. No están los iraquíes por la labor de olvidar lo acontecido. Por mucho que ahora intentemos convencerlos de que, al fin, son afortunados y prósperos. Es bien cierto que ya podemos afirmar que Irak es un país soberano. Es tan cierto como que se trata de una fantasía. Es tan surrealista decir que los iraquíes son soberanos y libres como seguir justificando el mayor desastre mundial de nuestros días.