CARLOS G. REIGOSA | O |
28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL ECONOMISTA estadounidense Paul Krugman, al que se le otorgó la pasada semana el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, es un fiel adversario del presidente Bush (a quien considera un líder de la extrema derecha) y un decidido defensor de la globalización como fuerza de progreso. En sus declaraciones, ha lamentado la ausencia de reformas en los países de una UE que «no está en crisis» pero cuyo crecimiento económico «es decepcionante». Según él, Europa conserva un gran potencial pero no lo explota de manera eficiente, por ello necesita políticas de expansión más agresivas (monetarias y fiscales) y, sobre todo, de reformas que reduzcan problemas estructurales, como la falta de eficacia del mercado laboral. Parece un ultraliberal, pero no lo es. Es un economista convencido de que el mundo ha vuelto a las desigualdades de los años veinte, con grandes diferencias salariales que agigantan las distancias entre ricos y pobres. Y éste no es el buen camino. Por ello defiende un desarrollo conjunto y equilibrado capaz de llevarnos a un mundo menos injusto y problemático. Pero no cree que esto nos lo vayan a regalar. Krugman cree que ese futuro debe ser una conquista nuestra.