TRAS MUCHOS AÑOS en el Parlamento Vasco y en el Foral de Álava, tengo que decir que lograr una comisión de investigación era el más grande de los éxitos de la oposición; y que impedirla era la primera obligación desde las prietas filas de parlamentarios fieles a la mayoría gubernamental. El estado de esta cuestión, junto con la obligatoriedad de comparecer y responder del ejecutivo ante el legislativo, es el motivo por el que nunca se aborda la pendiente reforma de los reglamentos para el buen funcionamiento de las cámaras parlamentarias en España. Tras el 11-M se abre el espectáculo de la comisión de investigación, con su morbo, su capacidad para filtrar noticias a los medios, para asustar y pactar lo que se puede o no se debe pedir. Además, conflicto en el horizonte. El poder judicial no está dispuesto a dar al poder legislativo datos, señas y pistas, que sirvan para mejor proveer el trabajo de los representantes del poder popular. Razón última y socorrida: «el secreto del sumario». Suena a título de película¿ Pero es que, a la vista de las pretensiones en materia de primeras comparecencias, uno tiene dudas sobre la intencionalidad última del evento. Llama la atención que, a primera vista, haya quienes están deseando comparecer, sin que tal hecho haga demasiado felices a las fontanerías de los partidos. En cualquier caso, hay algunas realidades no modificables: el resultado del 14-M; la sensación de indefensión ante el terrorismo islamista; la pérdida y consecuencias irreparables sobre las vidas humanas; las sospechas de unos sobre otros; y constatar que para los hábiles lo indiscreto nunca son las preguntas sino las respuestas. Me decía un amigo, con un magnífico historial como policía, que podemos llegar a echar de menos el terrorismo etarra si se instala en nuestro país el terrorismo que practican quienes no les importa morir matando y lo hacen en el nombre de Dios. Forman parte de una sociedad constituida por millones de seres humanos, con lo que pasar de la base al comando es un perverso cálculo de probabilidades. Este verano, ni fichajes para la próxima liga, ni aproximaciones científicas desde la Universidad Menéndez Pelayo, ni monstruo o serpiente del Lago. La prensa lo tiene fácil para entretenernos. La historia de la masacre en Atocha. Ya sabemos que a la verdad sólo se llega por aproximación.