El tren europeo

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

EL VERDADERO resultado de la aprobación de la Constitución europea es que el largo tren de veinticinco vagones, con una locomotora reparada y reforzada, después de una larga revisión, ha vuelto a ponerse en marcha. ¿Hacia dónde? La potente máquina de Alemania, auténtica ganadora de esta renovación política, con todo derecho, volverá a tirar del largo convoy europeo, en lo político y en lo económico. De la seguridad se van a encargar otros países como Francia y Reino Unido, únicas potencias nucleares de la nueva Europa. Así, el tren europeo que estrena una nueva Hoja de Ruta con la Constitución, tendrá de todo: potencia, seguridad, logística y comodidad. Allá van los casi quinientos millones de europeos, embarcados en esa aventura, con los veinticinco vagones nacionales. Unos tirando, otros vigilando la marcha, y otros disfrutando del paisaje... Pero cuidado, porque cuando el centro geopolítico de Europa se ha vuelto a situar en Berlín, que ya no es la capital de la Alemania derrotada, algo muy importante ha cambiado. La Europa múltiple y variada en sus regiones va a tener que presentarse ante la comunidad internacional, no sólo como un poder económico sino también como un poder político que otras potencias tendrán que aceptar. Es evidente que el tinglado de organismos internacionales del siglo pasado, derivado de la Segunda Guerra Mundial, ya no ostenta el mismo valor que las alianzas a nivel nacional. La ONU, la OTAN o la OSCE, requieren el reconocimiento de ese nuevo ente político que es a partir de ahora la Unión Europea, que va reclamar su sitio en la escena internacional del siglo XXI. Hasta que figure la UE en el Consejo de Seguridad con las grandes potencias del mundo, el viaje de la nueva Europa hacia su destino no habrá finalizado.