NO HAY NADA más traidor que la memoria de la infancia. Un amigo vilalbés me reprocha afectuosamente mis consideraciones de la semana pasada sobre los árboles abatidos de la Feria de Arriba. Resulta que no fue Pepe Apenela. Me disculpo y me alegra, que al Apenela le tengo afecto y me decepcionaba que fuera arboricida. Seguro que oí mal en mi casa, tanta gente pasaba por el hotel, canónigos, ganaderos, viajantes, cada uno con su cuento. De lo que estoy seguro es de que a mi padre le debo mi amor por Condolencia Rice. Cuando de niño empecé a estudiar solfeo y piano (tendría unos siete años), el autor de mis días no cesaba de incordiarme con esta adivinanza: «?Qué vale más, una blanca o una negra?». Como un tonto, y aunque ya le sabía el jueguecillo, le llevaba la corriente: «Una blanca vale dos negras». «Eres un ignorante -confirmaba-, de música sabrás mucho, pero de mujeres nada». Él había estado ocho años en Cuba, y seguro que contribuyó gustosamente a la proliferación de las mulatas. Por eso me gusta Condolencia, y más por otras razones. Su abuela era pianista, y a ella también le obligaron, como a mí, a teclear desde la niñez. Tuvimos ambos la misma reacción. «Comprendí - explica- que no llegaría a triunfar, y que a lo máximo sería pianista en un bar. Le dije a mis padres que quería abandonar el piano. Mi vida es mi vida. Sí, me contestaron, pero el dinero es nuestro». A mí, lo mismo: o te vas a París o te vuelves a trabajar en el hotel. Ni por pienso. Me vine a Francia a pervertirme; políticamente, se entiende. La abuela de la mujer de mis sueños también era pianista y por eso a la nieta le pusieron un nombre tan armonioso. Un nombre de matiz. Como ustedes saben, las partituras están llenas de indicaciones como andante, largo, allegro appassionato; algunas pocas Con dolenza ; es decir, con dolor, lágrimas y desgarramiento. Para ello se puso Condolencia a estudiar bajo la férula de la Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright. «Fue como un flechazo -dice Condolencia-. Descubrí mi pasión. Aprendí ruso y me especialicé en asuntos de la Unión Soviética». Hasta ahí el camino de Condolezza y el mío siguen un paralelismo distorsionado, pues yo también aprendí ruso por simpatía ideológica y para leer a Chejov en su lengua. A partir de ahí bifurcan: yo me pongo a escribir y ella a prepararse con la experta de marras para esparcir dolor. Ahora se ha convertido en uno de los halcones más voraces de la Casa Blanca. De los que están montando la hipocresía de crear un gobierno a sus órdenes y sin poder en Irak, y como Pilatos, dejar que tomen decisiones imposibles: restablecer el orden, la economía, juzgar a Sadam Huseín y otras niñerías, pero ellos guardan los pozos de petróleo y las cárceles, para llevarles café con leche y croissants tempranito a los presos, que por algo bombardearon. Ella, con Roger Noriega, vice-ministro encargado de América Latina, ya ha avisado que sólo admiten una salida tras el referéndum de Venezuela, su principal abastecedor de petróleo: la revocación de Hugo Chávez. Cualquier otro resultado lo considerarían fraudulento y se reservan el derecho de restablecer la democracia como están haciendo en Irak, digo yo. Cuando los americanos entraron en Bagdad y se creyeron que el paseo aéreo había concluido, todos nos preguntamos: ¿Y ahora a quién le toca? ¿A Siria, Irán, Libia, Cuba, o Venezuela? Debido, no diré gracias, a la resistencia iraquí, es poco probable que la invasión de estos países sea inminente, pero siguen siendo agredidos con medios tradicionales. En el Pentágono y en la Casa Blanca sueñan con llevar dolencia en enormes naves aéreas con bombas atómicas tácticas semejantes a las de Hiroshima y Nagasaki. Condolencia alcanzó metas más allá de lo soñado. Yo no tanto, y ahora nos hallamos en las antípodas uno de la otra. ¡Qué lástima, caray ! A lo mejor mi padre tenía razón.