Uso innoble de las autonomías

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

MIENTRAS digerimos lo ocurrido en Bruselas, no perdamos de vista lo que sucede en España. La semana que termina ha conocido un hecho muy importante, aunque haya pasado desapercibido: se empezó a utilizar a las autonomías como fuerza política de confrontación. El PP está dispuesto a usar las que gobierna como un instrumento más de oposición al gobierno de Zapatero. Se hace necesario expresar un aviso sin dramatismo, pero con indicios suficientes: se están lanzando las primeras piedras de una guerra territorial interna de imprevisibles consecuencias. Las señales que aparecieron esta semana son básicamente dos. La primera, la rebelión de las autonomías gobernadas por el PP contra el Ministerio de Sanidad. El miércoles, los consejeros de siete comunidades plantaron a la ministra Elena Salgado con unas disculpas que pueden ser razonables, pero no pueden ocultar la intención de fondo: se trata de presionar desde organismos oficiales al Gobierno central. Para ello se acude a acciones de boicoteo planificadas desde una determinada opción ideológica. La segunda, aunque haya coincidido en el tiempo, la creación oficiosa del eje del bienestar o de la prosperidad. Se trata de dar personalidad de hecho a la línea que une Madrid, Valencia y Baleares. Casualmente, tres comunidades que también están gobernadas en este momento por el Partido Popular. Esperanza Aguirre y Francisco Camps han celebrado una reunión que tiene mucho de propaganda de su partido: se trata de escenificar la España que va bien por estar dirigida por el PP, frente al resto del país. Como dice Enric Juliana, con este eje, ya tenemos la Galeusca del PP. Como se ve, alguien está creando una serie de Españas dentro de España. La fuerza de los hechos hace que, a su vez, el PSOE esté pivotando sobre sus propias figuras geométricas. Andalucía le aporta un porrón de votos, y se le paga la deuda histórica. Cataluña se incorpora al vivero de votos de Zapatero, y obtiene todo lo prometido, como la anulación del trasvase del Ebro, y lo no prometido, como la cesión del Palacio de Montjuic. Euskadi se estaba quedando fuera de estos juegos de poder, pero Maragall le regaló ayer una inyección de presencia. Ha llegado el momento de preguntarse: ¿Qué ocurre con el resto del país? ¿Dónde quedan Galicia, Asturias, Castilla y León¿? Como no están ni en ningún eje ni en ningún triángulo, pasan desapercibidas. Puede estarse alumbrando una nueva marginación. De momento, lo que tenemos es una utilización oportunista del poder territorial para afianzar el poder nacional o derribarlo. Es un juego peligroso. Si se usan las autonomías para la confrontación, que nadie lo dude: terminaremos enfrentándonos.