Manipulación democrática

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

LA DIRECTORA general de RTVE ha dicho cosas terribles sobre la manipulación en los medios informativos. Aceptó como inevitables los manejos de la información a conveniencia de quien manda, en una especie de abdicación previa e incondicional de toda lucha tendencial por la veracidad informativa. Pero, además, incurrió en un burdo parangón comparativo entre los medios públicos y privados. Estos últimos manipularían la información en razón de influencias difusas, bastardas en suma, en tanto que los públicos verían legitimada su manipulación por el veredicto de las urnas. Realmente, es difícil imaginar un argumento más antidemocrático: el mensajero se convierte en el cancerbero de la noticia y la edulcora al servicio del gusto de patrón, sintiéndose legitimado para ello porque, hace más o menos tiempo, el pueblo dio a aquél su confianza política. Ello conlleva aceptar que el que manda tiene derecho a ser ensalzado, para que así pueda perdurar más cómodamente en el poder. No debería olvidar Caffarel que su nombramiento estuvo rodeado de una expectativa de legítima aspiración al cambio, tras un ejercicio burdo, por el anterior gerente, de sumisión informativa al poder político entonces ejerciente. Por eso es más grave su desliz dialéctico: no sólo nos decepciona su peculiar modo de razonar, sino que también nos descorazona de cara al futuro. Hay políticos que hacen las cosas -barbaridades a veces- pero no las intentan justificar. Esto es rechazable y primario. Pero quizá sean peores éstos que no sólo la hacen, sino que también pretenden convencernos de que debemos aceptar mansamente ser manipulados en bien de nuestro propio voto democrático.