Insensatos y fariseos

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

ESTE ARTÍCULO estaba destinado a felicitar a Fraga por haber recreado el Plan Galicia, y por haber demostrado que, mientras él andaba trabajando por el país, el PSOE se estaba burlando de nuestras ilusiones. También tengo que entonar el mea culpa por haber actuado como el apóstol Tomás, sin haberme creído la resurrección del Plan Galicia hasta que metí los dedos en la sangrante rectificación de Zapatero. Por eso quiero reconocer la excelencia de este Fraga que, a punto de retirarse -¡no lo haga, por favor!- acaba de repetir ad pedem litterae la misma jugada que le hizo a Cosculluela en tiempos de las autovías. Ahora es verdad que todo se lo debemos a nuestro presidente, y que sólo progresamos como pueblo a base de las promesas que le arranca hábilmente a los inquilinos de la Moncloa. Algunos pardillos como yo llegamos a creer que la gobernación era otra cosa, y que cada decisión inversora era hija de su racionalidad intrínseca. Pero ahora sabemos que, si el PSOE no se llevó toda la pasta para sus votantes de Cataluña y Andalucía, fue porque Fraga anduvo más espabilado que ellos, llenó una bolsa de papeles envejecidos y se los hizo tragar a ZP. Y nunca dejaré de admirarme de que, a cambio de tan histórico compromiso, el maestro Fraga sólo tuviese que avalar las reformas asimétricas impuestas por Maragall, comprometiendo en ello toda la enjundia federal que adquirió en décadas de servicio al Estado de los Reyes Católicos. Por eso me rindo sin reservas ante el contubernio de La Moncloa, aunque no sé muy bien si lo hago ante la enorme sagacidad de Fraga, o ante la colosal torpeza del Gobierno socialista. Pero hoy no quería escribir de esto, sino de la importante cumbre que se celebra en Bruselas. Porque muchos de ustedes estarán perplejos ante una coyuntura política que la derecha califica de pura insensatez, por pactar la Constitución en contra de los intereses de España, mientras la izquierda nos habla del fariseísmo democrático de quienes sembraron entre nosotros el euroescepticismo más craso. La explicación de esta dicotomía es que detrás de cada partido anida una diferente idea de Europa, y que, mientras los populares ven la UE como el escenario de su astucia (sólo van allí para defendernos), y la enemiga agazapada de nuestros intereses, los socialistas aún creen en el proyecto europeo, al que desean servir desde dentro y con visión de futuro. Por eso espero que esta cumbre de Bruselas cierre con éxito el serodio episodio de la Constitución. Porque tengo mucho miedo de que llegue un trilero y le dé el cambiazo a ZP, metiéndole Niza donde ahora está Salónica. Porque todo es posible, según parece, en la corte socialista.