Evita

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

16 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PASADA semana se han cumplido 57 años de la visita de Eva Perón a la España de Franco, y cada vez que observo las fotos de la primera dama argentina en nuestro país, percibo el aislamiento inmenso en que había desembocado el caudillaje hispano después de la II Guerra Mundial. La llegada a Madrid de Eva Duarte, esposa del presidente Perón, fue acogida con numerosas manifestaciones populares de agradecimiento por la ayuda económica prestada por Argentina. En aquella situación de españoles condenados a la soledad internacional y a la penuria nacional, ella encarnó la excepción rebelde de quien sabe intuir las necesidades de un pueblo. No en vano aquella mujer de 28 años era la mítica «abanderada de los descamisados», y en España lo que entonces sobraba era gente sumida en esa condición. Murió cinco años después de aquella visita, pero su cadáver todavía pasó de nuevo por España durante el exilio de su marido. Ninguna mujer recibió tantos honores y condecoraciones como ella en su quinquenio de gloria. Y su posteridad configuró todo un mito que aún sobrevive e inspira políticas sociales. Cuando observo las fotos de su visita a España en 1947 todavía me asombran nuestra miseria y su esplendor populista.