Aviso para gobernantes

OPINIÓN

LOS RESULTADOS de las elecciones europeas que culminaron ayer constituyen un claro aviso para los gobernantes de los principales países de la Unión Europea. Un aviso que ya le había llegado con anticipación a Tony Blair, que vio el pasado jueves cómo se desmoronaban algunas de las fortalezas del voto laborista, castigado sin duda por la participación británica (que él lidera) en el conflicto iraquí. Pero la guerra de Irak no ha sido un árbitro decisivo en otros países, como Francia o Alemania. El presidente Jacques Chirac, de la derechista UMP, ha cosechado unos resultados muy por debajo de los que esperaba. Y el canciller socialdemócrata alemán, Gerhard Schroeder, ha asistido literalmente a un desplome de su partido, sin que esta vez hayan podido salvarlo ni su posición contraria a la guerra ni el oportunismo de sus reticencias antiamericanas, o anti-Bush, para ser más exactos. (La ecuación no se ha cumplido en España, donde el PSOE, reciente ganador de las elecciones generales del 13-M, no ha visto alterada su posición de ventaja sobre el PP. Sería difícil de entender un aviso tan madrugador que, como era de esperar, no se ha producido). Las elecciones europeas se han celebrado en clave interna y han respondido en cada país a planteamientos de orden nacional. La escasa participación revela claramente que el euroescepticismo es el otro elemento que hay que tener en cuenta. Sin liderazgos claros, sin políticas de futuro ilusionantes, sin una confianza manifiesta en la construcción europea, mucha ciudadanía ha optado por desentenderse. Esto no quiere decir que no sea europeísta, pero sí denota que no acaba de sentirse concernida por algo que no acaba de percibir con claridad. Una ciudadanía que pareciera decir: «Unión Europea, sí, claro, pero ¿y de lo mío, qué?». Los líderes europeos deberán leer los resultados con atención. Estamos a punto de tomar decisiones claves para el futuro de la UE y las formas han ganado relevancia. Por ejemplo, a la hora de acordar y ratificar la Constitución Europea, que debe representar una esperanza para todos los europeos. El aviso en realidad es un castigo: no se puede navegar sin rumbo ni descuidar lo propio.