Normandía revisitada

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

LA PARTICIPACIÓN alemana en la conmemoración del desembarco aliado en las playas de Normandía es la gran novedad en el sexagésimo aniversario de aquel comienzo del fin. Es un cambio de actitud tan digno de aplauso como cuantos significan no sólo el ejemplo de la reconciliación y el perdón, sino también la mucho más eficaz y concreta transición del rencor a la colaboración diligente. Es, también, un cambio en las relaciones entre los personajes de la obra y, por lo tanto, permite otra percepción de lo representado, otra lectura del drama puesto en escena. Se trata, en realidad, de un cambio de cartelera con toda la categoría de un estreno de masas urbi et orbe . Lo que ahora se nos ofrece bien podría plantearse como La sonrisa de De Gaulle desde la tumba o Cómo me deshice de los americanos sin mover un solo dedo . Claro que, vista la obra desde el lado de acá de los Pirineos, su título también podría ser De cómo los españoles que combatieron junto a Leclerq o en la Compañía Nueve han vuelto a verse en la inopia . Un título muchísimo más local y cuyas pretensiones de éxito se verían bajo el muy probable inconveniente de preguntas como «Y ese Leclerq, ¿quién es», «¿qué compañía es la que dice?», «¿de qué españoles me habla?». En fin... Esta nueva conmemoración del día D con la presencia de Alemania ha permitido a Francia presentar con los mejores modales el portazo con que se cierra un capítulo de la Historia y el desplante con el que se abre otro. Y hay que apreciar en su favor lo bueno que es dejar las cosas tan claras, por lo menos en el teatro de los hechos. La reconciliación de Francia con Alemania, endogámica en el seno de la Unión Europea, se ve, por otro lado, enriquecida por la igualmente novedosa presencia de Rusia en el ceremonial normando, expresión de una relación exogámica en la que Francia no parece dispuesta a fijarse demasiado ni a comentar en voz alta las tropelías con que Putin desarrolla la modernización de su país. En cuanto a Estados Unidos, la presencia de Bush en Normandía ha sido más bien la de un convidado de piedra con la cabeza puesta en lo que pudiera decir Francia en Naciones Unidas, veinticuatro horas más tarde. Con Estados Unidos, Francia no tiene necesidad de escenificar reconciliación alguna porque no ha habido ruptura. Lo que hay es una disparidad militante que se activa en cuanto lo requiere el escenario externo del liderazgo europeo. El escenario interno de la UE es otra cuestión, y, muy otra, el escenario francés, en el que Chirac habrá de emplearse a fondo para que la opinión pública francesa no se oponga a la admisión de Turquía en la UE, favorecida por Alemania en coincidencia con Estados Unidos, ni a que el control del arruinado grupo francés de ingeniería Alstom pase a manos del gigante industrial Siemens, alemán. Impedirlo podría colmar la irritación alemana, puesta a prueba cuando el grupo alemán Aventis pasó a manos del francés Sanofi-Sythélabo. Bush protege a sus empresas, pero ¿quién no lo hace con las propias?