Amenazas poco inteligentes

| X. ÁLVAREZ CORBACHO |

OPINIÓN

07 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA UNIÓN EUROPEA (UE) es en la actualidad un espacio económico donde existe libre movimiento de capitales, mercancías, personas y servicios. Donde hay moneda única y una política monetaria y cambiaria común. Donde existen desigualdades importantes en renta, actividad productiva, cultura empresarial, nivel tecnológico y capacidad para competir. Donde las políticas presupuestarias y fiscales se pliegan al objetivo básico de la estabilidad en los precios. Donde los fondos estructurales y de cohesión son bastante reducidos (representan el 0,4% del PIB europeo) y donde todavía continúan ausentes las políticas sociales (reservadas a los Estados nacionales). Por eso urge construir un espacio político y social en la UE. Es una apuesta que en gran parte se dirime en estas elecciones y también en el futuro diseño constitucional. Liberar la economía de la política es obsesión permanente del pensamiento conservador. Los más entusiastas enfatizan que sólo el mercado es racionalidad y referente incuestionable. Por eso el neoliberalismo económico huye del control democrático y defiende la globalización a tumba abierta. Así, cuando no existe armonización fiscal, el libre tráfico de capitales condena a muerte la justicia impositiva. Porque el ahorro huye al paraíso fiscal y porque la inversión prefiere el salario miserable. Son las nuevas oportunidades que ofrecen los países emergentes. Lo dijo, con escasa inteligencia, un dirigente del Banco Santander. Este dirigente expresó en el Club Financiero de Bilbao una preocupación y una amenaza. La preocupación fue recordar que el 80% de la producción del petróleo se asienta en países políticamente inestables, lo que confiere a dicho mercado naturaleza de cóctel explosivo . La amenaza fue anunciar que es urgente desmantelar el Estado de Bienestar, porque el tiempo disponible es ya escaso. O sea, urge reducir los costes laborales y la fiscalidad empresarial. Y se precisa igualmente más libertad en los mercados financieros y un diseño más liberal en las prácticas reguladoras. Nuestro ínclito dirigente no dudó en adornar su exposición recordando que los costes laborales en Brasil representan el 10% de los existentes en los países desarrollados. Amenazar desde el privilegio las conquistas sociales de los trabajadores europeos es una temeridad, además de un descrédito. Porque el peligro actual no parece ser, aunque se intente, el retroceso histórico de los trabajadores. El problema principal es saber hasta cuándo la riqueza y el privilegio de unos pocos pueden sustentarse en el sudor y en el dolor de la humanidad. El orador del Club Financiero debería ser consciente que ese es realmente el verdadero cóctel explosivo .