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06 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN EL PRINCIPIO fue el realismo mágico de Gabo; después, el realismo abrupto, con escalpelo, de Fernando Vallejo; ahora, el realismo realista, exacto como una fórmula, de Laura Restrepo. Colombia tiene un don, el de las letras. Tres de los más grandes creadores de novela son hoy colombianos. Casualidad o que la mejor manera de hacer literatura es escribir desde el conocimiento, desde el maná de las vivencias, nunca desde el ensimismamiento. El ombligo da malos libros. Colombia es un cafetal de vida y muerte, de la vida sensual, de la vida al límite, de la mejor vida y de la peor vida, el sol como una bola de fuego, perfecto, en los amaneceres de Cartagena y el sol pudriéndose en los desagües de los callejones de Cali. De Gabo, hay que leerlo todo. De Vallejo, no se pierdan La virgen de los sicarios, sobre los niños asesinos a sueldo del asfalto colombiano. De Laura Restrepo pueden empezar por la última, Delirio, un libro con cuatro hilos narrativos que forman una soga sobre la protagonista: «Toda historia es como un gran pastel, cada uno da cuenta de la tajada que se come y el único que da cuenta de todo es el pastelero». Tres artistas colombianos que muerden hasta el hueso. cesar.casal@lavoz.es