A ESTE PASO el ministro Bono tiene toda la pinta de convertirse en Pepe Medallas. Hacía tiempo ya que la política española no disponía de un personaje tan laureado, en tan pocas horas. Y han tenido que llegar los socialistas al poder para volver a recuperar una de las figuras más entrañables de nuestras vidas. La del medallas, que habíamos perdido y que felizmente recobramos. José Bono recibió ayer la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha. Probablemente merecida. Y aguarda que le sea entregada la Gran Cruz del Mérito Militar que le han concedido sus compadres del Consejo de Ministros. Así, con toda la confianza y naturalidad del mundo. «Oye, Pepe cógete la Gran Cruz que está reservada a los que contraen méritos o servicios distinguidos durante la prestación de misiones o servicios ordinarios, o extraordinarios. Porque en tres semanas has hecho merecimientos de sobra». Resulta imposible pensar la cantidad de galardones que, a este ritmo, puede llegar a acumular el ministro, con el paso del tiempo. A dos medallas por semana, dentro de un año no habrá esmoquin, ni frac, que pueda acoger tantos colgantes. Su imagen va a parecerse a la que aquellos viejos comunistas soviéticos que llevaban la pechera repleta de chapas. Pero la iniciativa no puede quedarse sólo en Bono. Sería injusto. Hay que seguir dando medallas a los demás miembros del Gobierno. Porque las merecen tanto como la que se acaba de conceder. Que empiecen por el ministro de las mezquitas, y que continúen con la del IVA y con la de las «soluciones habitacionales». Medallas para todos. El PP ha pedido que nos expliquen los méritos del ministro de Defensa para merecer tal galardón. Eso, que lo explique Zapatero. Y de paso, Rajoy que nos aclare los merecimientos de las últimas Medallas de Galicia. Porque son tal para cual.