MENOS MAL que ya hemos encontrado todas las armas de destrucción masiva, y que logramos que Irak sea un remanso de paz, porque si no sería para agarrarse un rebote descomunal. Menos mal que logramos desmantelar Al Qaida y el terrorismo internacional, porque de lo contrario a estas horas andaríamos llorando por las esquinas. Pero como al final conseguimos todo lo que nos prometieron, tampoco vamos a dar por mal empleados los 370 millones de euros que nos hemos dilapidado en la aventura bélica iraquí. Precisamente estos días que anda la Agencia Tributaria tratando de exprimirnos la tarjeta de crédito, nos enteramos que las correrías de nuestras tropas por Irak se han llevado casi 61.000 millones de las desaparecidas pesetas, que es el doble de los que dispone la Universidad de Santiago para todo el año. Un país que pide permanentemente a sus ciudadanos que se rasquen la faltriquera, que monta unos espectáculos vergonzantes en Bruselas por 20 millones de euros; un país que mendiga ayudas por toda Europa se ha pulido bastante más de lo que tiene la Xunta para infraestructuras. Por decisión íntima del profesor asociado de Georgetown y con el 92% de los residentes en contra. Pero España es así. Asistimos a la agonía de Izar mientras tiramos a la basura una cantidad de euros que bien nos vendría para la subsistencia. No tenemos presupuesto para poner tiritas en los hospitales y dedicamos lo inimaginable a fuegos artificiales. Insisten en el superávit y en la extraordinaria gestión económica. Y hasta el intelectual Mayor Oreja va a utilizar el despilfarro socialista en la campaña de las europeas. Pero no estaría de más que alguien se sentase en un banquillo para dar cuenta de la tropelía de dedicar 370 millones de euros a lo que llamaron misión humanitaria y que acabó siendo muerte y destrucción.