UNA SEGUNDA oleada de fotos sobre las torturas en Irak está provocando esclarecedores efectos políticos en el panorama general. Fidel Castro aprovecha las imágenes para confirmar la superioridad moral de su dictadura sobre la crueldad yanki. Hugo Chávez se reafirma como el verdadero defensor del pueblo venezolano. En Europa son más finos, sólo pretenden capitalizaciones electorales del dolor ajeno; los partidarios objetivos de Sadam, los que tenían olvidado al pueblo iraquí y a todas las víctimas de las dictaduras de la tierra, creen que está confirmada su pasividad interesada, su pacifismo del no hacer nada, su oportunismo político para llegar o mantenerse en el poder manipulando el miedo y la indignación de los electores. Las torturas publicitadas en el universo mediático parecen haber dado la razón a los antiamericanos, a los antiglobalizadores, a los anticapitalistas, a los que parecían derrotados tras la caída del comunismo y de las alternativas de izquierda desde 1989. Ya no hace falta pensar en terceras vías ni en complejas reconversiones políticas. Lo que no se ganó en el campo de las ideas, del desarrollo económico, de las libertades políticas, de la ciencia, la cultura o el modelo de sociedad, se consigue ahora gracias a un puñado de fotos carcelarias. Fantástico, algunos no acaban de creérselo, pero descubierto el maná no dejarán de explotarlo. Un caramelo así hay que cuidarlo con esmero. Nada de preguntas, indagaciones ni análisis. La obscenidad de las fotos, lo innecesario de lo visto, la crueldad estúpida y gratuita de los torturadores no delatan a ningún poder ni informan de toda la realidad americana, sino que retratan a la pura y simple condición humana, ambivalente, capaz de lo mejor pero también de lo peor. Lo único distinto en este caso es que las hemos podido conocer casi en tiempo real. Denunciadas por un propio militar americano, filtrado el dossier del mando, nadie ha vetado su distribución. Así son las democracias anglosajonas. Nos reconocen como somos, y es en la actitud ante el mal donde se evidencia la grandeza o miseria de un sistema político y social. A nosotros correspondería situarlas en su contexto, ponerlas al lado del intento de crear una democracia real en Irak, de hacer avanzar su historia, de liberar a sus mujeres de la condena a la nada, de iniciar un camino de libertad y democracia en Oriente Medio. Es el gran desafío del nuevo siglo, que treinta naciones democráticas están intentando llevar adelante en medio de las máximas dificultades. Y con soldados de carne y hueso, que mueren, matan, torturan y son castigados. Aunque también liberan del mal mayor. Pero el Gobierno español celebrará la huida de la responsabilidad con la historia, la izquierda trocará la mediocridad en sensatez y muchos electores se sentirán del lado de los justos. No harán falta argumentos ni debates, las fotos de las torturas les darán la razón.