La noche de las luces

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

19 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO ESPECTÁCULO, es una tontería; un antojo de alcalde. Pero como fenómeno de atracción de masas, es un gran invento. Me refiero a la iluminación nocturna de algunos monumentos de Madrid, como preparación sicológica, o lo que sea, de la Boda. Una hora antes de la puesta del sol ya había ciudadanos esperando el encendido, como si fuese la Feria de Abril; como si estuviera a punto de aparecer Ronaldo con la Copa de Europa; como si la municipalidad repartiese entradas gratuitas a los primeros en llegar. Después, un reportero hacía entrevistas al público, a las cuatro de la madrugada. Mucha gente no ha dormido en la capital, porque nunca se verá algo así, y además por un motivo tan solemne como son las nupcias del futuro Rey. Las crónicas hablan de gigantescos atascos y de multitudes -«un millón de personas», decía un entusiasta tertuliano- que acudían a ver el extraño fenómeno de Neptuno en color malva y la Cibeles de amarillo y rosa, yo qué sé. Con perdón del Mío Cid, «¡Dios, qué gran vasallo, cuando tiene buen iluminador!». Los analistas políticos y de sociedad, que hacen juicios muy trascendentes, están divididos. Unos piensan que es lo más hortera que se ha visto en Madrid, y mira que se han visto horteradas en la capital. Otros defienden que eso es la modernidad, pero los progres no se lo perdonan a Gallardón, porque es de derechas. Y los de mayor dimensión histórica le dan incluso un valor plebiscitario, con esta sublime deducción: si la gente acude a ver eso, es que le gusta; si le gusta, es que aplaude la Boda; si aplaude la Boda, la Monarquía está salvada. ¡Quién lo iba a decir! Esa iluminación tiene valor de Estado. Unos vatios consolidan el sistema, casi como el 23-F, pero sin Tejero. Y todo, por unas luces de colorines. Yo creo, pero no me atrevo a escribirlo, que Madrid sigue siendo un pueblo. Y a los de pueblo, cuando vamos a la ciudad, nos encantan ver los aviones y las luces. Al tiempo, todos aspiramos a dejar un recuerdo a los nietos. Si no puede ser una foto con Letizia, sea un retratillo con la Puerta de Alcalá vestida de rosa para la gran celebración. Deberían dar a los asistentes un certificado, como la Compostela, que atestigüe la hazaña para la historia. Por este escrito le pido al señor alcalde que mantenga esa iluminación mucho tiempo: el tiempo necesario para que se puedan hacer la foto los madrileños y los que se caigan por Madrid. Ignoro si es guapa, ignoro si es hortera, o si es un anticipo de éxito del casorio. Pero, por unos kilowatios, se ha descubierto una nueva economía: el turismo nocturno. Y todas son ventajas: es barata, no contiene pecado a pesar de la noche y, encima, refrenda a la Monarquía. Grandioso.