EN MADRID se engalanan fachadas y farolas. Se tapan cosas feas o inacabadas, como en precedentes propios del despotismo oriental, tales como las excursiones de la zarina organizadas por Potenkim, o los ocultamientos del padre de Siddarta Gautama, El Buda, para que el joven príncipe no se desolara contemplando el dolor, la fealdad, la pobreza o la muerte. Pero hay otros fastos. En Barcelona se ha inagurado el Fórum, o el Forre , como sostienen algunos quizás nostálgicos de las maravillas de la Expo y sus pellones. El acto ha sido todo un paradigma de los nuevos tiempos de confusión y demagogia que asolan España. En vez del himno que debe acompañar las visitas del Jefe del Estado, cacerolada popular de la gente común que ve como esta maniobra especulativa fuera de las necesidades sociales reales es promovida y aplaudida por la feliprogresía catalana y española. Mucho hardware para tan poco software . Como se comprueba otra vez. ha habido mucho diálogo, mucha cultura , mucho talante: la generosa magnanimidad del tripartito ha consentido enseñar la bandera constitucional. Un poquito. Como en los albores del destape. Para que la encerrona que se hace soportar al Jefe del Estado no sea total. Que se vea en esto el seny catalán, pues el ninguneo es más civilizado que las broncas violentas de la Casa de Juntas de Guernica. Al principio del reinado de don Joan Carles, como le llama la placa inagural perpetrada para la solemnidad, los periodistas se reunían en Foros y seminarios levantiscos para formar a la opinión o defender la libertad de expresión. Pero en estos tiempos de eutanasia de la libertad, listas negras y de adictos al régimen, algunos parecen asistir en silencio, el silencio de los corderos, al ataque definitivo a los derechos civiles del Frente im-popular , sin decir esta boca es mía. A esta bizarra actitud se le llama ahora «republicanismo cívico».