ESOS CHICARRONES altos, guapos, educados y presumiblemente de ojos azules, que se están dejando la vida por democratizar un país, no pueden actuar al margen de la legalidad. Me niego a creerlo. Esos muchachotes que lucen espectaculares gafas de sol, y que vemos en televisión armados hasta los dientes, ayudando a cruzar la calle a las viejecitas, no pueden ser tan sádicos. Esos chicazos no pueden haber maltratado, torturado y humillado a presos iraquíes. Tiene que haber un error. Las imágenes de torturas que hemos tenido que digerir estos días son de una brutalidad extrema. Y sirven, cuando menos, para revelarnos la gran cantidad de odio que el ser humano puede guardar en sus entrañas. Por eso, esas imágenes no pueden ser reales. Tienen que ser obra de la imaginación de Francis Ford Coppola, para una nueva versión de su exitosa película Apocalipsis Now . A estas alturas, cuando todos estamos ya convencidos del enorme sacrifico que americanos y británicos están haciendo por liberar a Irak de la tiranía, van y nos intoxican con fotos obscenas. Porque unos soldados profesionales, entrenados para el bien, preparados para luchar por la libertad, son incapaces de quebrar las normas mínimas de respeto. Porque unos países que dicen acatar los acuerdos de la Convención de Ginebra no puede haber hecho lo que nos enseñaron. Ni lo que nos imaginamos que esté ocurriendo en Guantánamo. Sería paranoico pensar que soldados de naciones que se jaztan de dar lecciones de democracia al mundo sean capaces de tratar a un igual con la crueldad con la que hemos visto. Y, sobre todo, hacerlo sin el conocimiento de sus mandos. Y de quienes allí los enviaron. «La democracia no es perfecta». Lo ha dicho George W. Bush, tratando de justificarse. Y le asiste toda la razón. Véase su ejemplo.