DICEN ALGUNOS populares -y lo escriben algunos periodistas- que el PSOE ha creado en la práctica un nuevo verbo: desaznarizar . Un verbo que, según ellos, está conjugándose ahora en todos los ministerios. Su significado también estaría claro: «Deshacer o desmantelar cuanto antes lo que el PP puso en pie, sobre todo en política exterior y en educación, y en ciento modo también en asuntos de cohesión territorial». Es la impresión que han sacado de la decisión de retirarse inmediatamente de Irak, de la paralización del desarrollo de la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza (LOCE) y de la propia reunión del ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, con el lendakari Ibarretxe. Y en cierto modo hay que reconocer que estas opciones suponen una desaznarización en la medida en que cambian decisiones o leyes antes en vigor. Pero la argumentación no puede ir más allá, porque el PSOE había advertido con suficiente antelación -y desde luego lo había reiterado en la campaña electoral-, que procedería tal y como lo está haciendo. Es decir, con determinación y celeridad. Es comprensible, pues, el desencanto de los populares, pero no tanto porque el PSOE esté adoptando medidas que no les gustan como por el hecho de que han perdido las elecciones. Porque es el resultado electoral el que explica y encarna el cambio. Lo demás -lo que se está viendo- es pura consecuencia de ello. ¿Está actuando el PSOE con demasiada prisa y sin el diálogo previo prometido, como manifiestan algunos? Es posible. Pero las elecciones europeas están encima, y el nuevo curso escolar, también. Son lentejas: o se toman o se dejan. El PSOE ha decidido tomarlas, es decir, llegar a la cita electoral de junio con el mayor número de promesas cumplidas, y esto en democracia es siempre muy difícil de reprochar. ¿Desaznarizar? ¿Cómo podría el nuevo Gobierno mostrar los cambios sin hacerlo? ¿Cómo podría afrontar la política exterior, con la guerra de Irak y la fractura europeísta, sin contrariar lo anterior? Está bien que la oposición garantice una vigilancia exigente, pero el Gobierno tiene que cumplir sus compromisos, avalados por los votos.