hablar.bien@lavoz.es CUANDO un académico de la Española escribió recientemente que un cartucho de fax le costaba «un huevo de la cara» estaba sancionando un cruce que a muchos parecerá improvisación de chavales, pero que no es nuevo. Están asentadas las expresiones costar un riñón, un ojo, los ojos de la cara, un huevo... para indicar que es excesivo el precio de algo o el esfuerzo para conseguirlo. Cuando se trata de huevos, podría pensarse que es una referencia silenciosa al hambre de otras épocas, que hacía especialmente valioso este producto avícola, pero el especialista Alberto Buitrago repara en que en aquellas expresiones siempre se mencionan partes de la anatomía humana que existen a pares, la entrega de una de las cuales revela una renuncia grande a algo de uno mismo. Pocas cosas pueden expresar un desgarro íntimo con tanta fuerza iconográfica como la implícita evocación de una emasculación. El origen del cruce de costar un huevo con costar un ojo de la cara puede remontarse al primer tercio del siglo XX. Se atribuye a uno de esos personajes a los que se cuelgan todo tipo de anécdotas y frases disparatadas, unas veces porque son sus autores y otras porque el chiste encaja con la personalidad que de ellos se crea. Se trata de un empresario y político catalán, Joan Pich i Pon (1878-1937). Inauguraba unas instalaciones en un periódico barcelonés de su propiedad cuando, impresionado por la magnificencia del edificio, dijo: «Estas obras me han costado un huevo¿». Y al observar cómo a algunas señoras presentes se les demudaba la expresión trató de arreglarlo con un añadido: «...¡de la cara!».