El principito

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

22 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA MANCHA humana es de tinta, el corazón es un tintero enorme, todas las novelas son de amor, etcétera. Pero les quiero hablar hoy de la importancia objetiva, no subjetiva, de un libro. Es imposible estar solo con un libro en la mano. Es una de las pocas cosas que no tienen cables, que sólo hay que enchufar a la mente. Olvídense del circo lamentable de los autores, de la vanidad de los que escriben. Me refiero al libro cuando cae en las manos, cuando lo abrimos y lo leemos. El libro te hace libre. Lo puedes coger cuando quieras, dejar cuando quieras, lo puedes empezar a leer, lo puedes cerrar cuando te cansa o no te gusta. El libro da calor, el calor de las ideas, y frío, el frío del dolor o del error, que también escriben los asesinos y los locos. El libro aporta, da información, para usarla o para despreciarla, pero no deja de hablarte al oído. El libro al susurrarte te inocula palabras, las palabras que luego son tan necesarias para explicarse, para comprar unas cebollas. Lo mejor del Día del libro es que alguien que desconozca la riqueza de la lectura se anime y lea al fin un libro. Sugiero uno: El principito o la ternura de saberse humano. El principito será el principio de una gran amistad. Para toda la vida. cesar.casal@lavoz.es