Lo mejor de lo malo

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

«CUANDO no se puede escoger entre lo mejor, debemos escoger lo mejor de lo malo». El escritor inglés Samuel Daniel así lo dejó plasmado, en su Historia de la guerra civil . Y el presidente Zapatero, más de cuatrocientos años después, lo ha seguido al pie de la letra. Porque lo mejor hubiera sido no tener que tomar la decisión. Y lo mejor de lo malo, tomarla lo antes posible. La retirada de las tropas españolas del avispero iraquí es la opción menos mala. Pese a que no por anunciada cause la lógica sorpresa por su precipitación. Porque si se analiza con un mínimo de rigor el papel que realizan nuestros militares veremos que es meramente testimonial. Los soldados españoles permanecen acantonados. En una situación de autoprotección. Sin mantener siquiera contacto con la población. Sin salir apenas de la base. Pero en la decisión española existe un argumento altamente preocupante. El hecho de que no se detecten «indicios que permitan prever una variación sustancial en la situación política y militar existente en Irak», en palabras del propio Zapatero. Y eso es lo alarmante. Saber que, pese al deterioro de la situación, el panorama no va a mejorar sustancialmente. Saber que, pese al tiempo transcurrido, no existe un plan, que no sea el de más horror, con el que poner fin a la sangría que se salda ya con decenas de miles de muertos. A los españoles, como ciudadanos pacíficos, no debe de preocuparnos la retirada de nuestras tropas. Porque sabemos que sólo decisiones irresponsables las hicieron partícipes de una invasión. Pero consumada su retirada, el papel de España no ha finalizado. El nuevo Gobierno debe contribuir ahora, en la medida de sus posibilidades, a buscar una salida del lodazal en el que se metió a Irak. Para demostrar al mundo que el nuestro es un país comprometido con la paz.