Llega el debate

OPINIÓN

LA SESIÓN de investidura de ayer demostró lo bueno que hubiera sido un debate Zapatero-Rajoy (o entre todos los candidatos) en la campaña electoral. De hecho, lo mejor de la sesión fue lo que ésta tuvo de debate sobre los grandes asuntos de Estado. Fue acertada la intervención de Zapatero al exponer, por la mañana, la voluntad de cambio «preñada de exigencias» que salió del 14-M, y garantizó que hará honor a la palabra dada, traduciéndola en lo que quiere que sea «la legislatura del diálogo, del entendimiento, del encuentro». En esta exposición presentó los ejes esenciales de su acción de Gobierno, con énfasis en la renovación de la vida política, la lucha antiterrorista, el europeísmo de España, las nuevas políticas sociales y la extensión de los derechos civiles. Asimismo, reivindicó el Parlamento como el lugar en el que debe concretarse el diálogo y la transacción política. Y se refirió a las reformas constitucional y estatutarias, señalando los límites en que se deben producir. Pero el debate propiamente dicho se produjo por la tarde, con un Mariano Rajoy que mostró su capacidad para hacer la oposición y un José Luis Rodríguez Zapatero que, sin responder a todas las cuestiones, estuvo convincente y eficaz, con argumentaciones precisas y formalmente abiertas, que se revelaban propias de quien se dispone a presidir «un Gobierno obligado a negociar», como él mismo reconoció. «Un Gobierno débil e inestable», insistió Rajoy. «Un Gobierno estable y dialogante», replicó Zapatero. Dos políticos hábiles, pero no broncos, que sin duda encontrarán espacio para el entendimiento, como ofrecieron en sus intervenciones. El balance final de la intervención de Rodríguez Zapatero evidenció su talante constructivo («no podemos empezar de cero») y su disposición a desarrollar una política basada en el diálogo y el entendimiento. En este sentido ha interpretado el resultado de las elecciones que le dieron la victoria. Los españoles le han confiado la iniciativa para buscar acuerdos y para gobernar, lejos de la prepotencia o del desafío. Y en esta línea ha trazado su discurso de investidura. Un discurso esencialmente esperanzador.