Ser o no ser

OPINIÓN

CUANDO se ha cumplido un año desde la invasión norteamericana y la caída de Sadam, los hechos se han impuesto con toda su crudeza, de tal suerte que si lamentable era la situación de los iraquíes bajo el yugo de Sadam, más dramática resulta ahora bajo el control de Bremer. Y es que, como una casa que se cimenta sobre arenas movedizas, Irak se hunde en la miseria de su propia inconsistencia social: tres grupos étnicos y religiosos sin nada en común salvo su odio al depuesto Sadam. Desde su creación en 1921, kurdos, árabes suníes y árabes chiíes han sido obligados a convivir bajo una misma bandera; primero, por el Mandato Británico camuflado tras una monarquía extranjera impuesta y, a partir de 1958, por las sucesivas dictaduras militares. Las purgas y persecuciones iniciadas en 1968 con el ascenso al poder de Al Baker y, continuadas con inusitada ferocidad a partir de 1979 por su sucesor Sadam, coadyuvaron a debilitar todavía más la prácticamente inexistente estructura social. Sin tradición democrática, con una juventud ignorante y radicalizada, acostumbrada a manifestar de forma violenta su adhesión pública al líder de turno, con una economía depauperada sin visos de mejora a corto plazo, sometidos a la creciente influencia de los elementos terroristas extranjeros dotados de fondos y una causa aparentemente justa, la sociedad iraquí se resquebraja, además de en tres grupos étnicos, en dos bandos: los que quieren la paz y los que anhelan el poder a toda costa. El desconocimiento de la realidad iraquí, la lenta implementación de un plan de actuación viable, la excesiva confianza en unos líderes políticos sin apoyo social real y la prepotente cortedad de Bush han avivado la llama del descontento tras un año de promesas incumplidas. El resultado, como muchos nos temíamos, no sólo ha sido el actual baño de sangre sino una mayor fragmentación interna. Los kurdos no renuncian a algo más que una autonomía, los chiíes exigen el poder y los suníes no quieren convertirse en una minoría sometida. En estas circunstancias, ¿sigue teniendo sentido un país llamado Irak?