Genes celtas

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

08 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A UN CLÁSICO de la lengua gallega le bastaría con decir que yo andaba atafegado ; un profesional de la jerga al uso se explayaría en que «un poco a nivel de agenda y en base al tema del trabajo de alguna manera podría estar yo tremendamente ocupado». El caso es que ayer en la tarde noche, como gustan decir los cronistas deportivos, estaba yo metido en un carajal de erratas y otros alifafes tipográficos de reeditar el Códice Calixtino, tenía intención de largarme luego este folio comentando noticia reciente de nuestros genes celtas con no sé qué patatín y patatán médico o biológico, y, si quedaba tiempo, me asomaría a la tele para ver en qué terminaba lo del Dépor con el Milán. Queda claro que el orden de prioridades no sospechaba la experiencia mística que todavía nos tiene las pupilas en macropasmo. Y pasadas las diez me asomo a pantalla y el 3-0 me hace caer de rodillas y asisto sobrecogido al 4-0 y enseguida comprendo que todo, aunque sobrenatural, tiene un hilo lógico y causal. Me explico: estamos ante el Milagro XXIII, a añadir a los XXII que el Apóstol firmó en el Libro II del Códice Calixtino. Este milagro podría inscribirse como «Del equipo coruñes al que el Apóstol puso a hacer virguerías en pago a que su seguidor y devoto, respectivamente, le corregía las erratas». Milagro doble y admirable conjunción de esfuerzos porque su resultado de 4-0 lo firma un equipo de La Coruña, pero el apóstol es de Santiago. Bueno, el milagro en su espectacularidad no debe hacernos olvidar que hay una base natural con la que hace milagros cualquiera. Me refiero a los genes celtas, genes de Breogán, genes que ya son en sí mismos milagro y repera de la Genética. Ayer los genes celtas, etiqueta negra, de Pandiani, Luque, Valerón y Fran le dieron un repaso de no te menees a otros genes celtas que venían con justa fama de cocos y fueron anonadados. Repita conmigo el lector: a-no-na-da-dos. Sépase bien sabido que Milán, el antiguo Mediolanum, es céltico a tope y que de Milán y alrededores bajaban mangados y salidos hacia Roma los celtas que a punto estuvieron de acabar con ella, si los gansos do dan la alarma. Los herederos de quienes pusieron a los romanos en crónico miedo celta venían ayer a acabar con La Coruña, pero a los genes celtas milaneses se les reviró el cromosoma y supieron lo que vale un peine, mordieron el polvo de la derrota y se dieron un baño de ignominia a manos y pies de los genes celtas de la gloriosa Clunia / Brigantium. Todos y cada uno de los integrantes del Dépor dejaron constancia de que con unos genes celtas así no hay Milán que valga, por muy celtas que sean también los suyos. Con unos genes así, el Apóstol tenía tirado el milagro. Esperemos que en Vigo no le fallen las fuerzas y, si hace falta, pida ayuda a Santa Rita.