QUIEN LEA este título puede pensar en una propuesta sobre la estructura política de la España del futuro: dos partidos de centro (uno a la derecha y otro a la izquierda) o una reconstrucción de la UCD. Pudiera ser, pero no es. El título se refiere a nuestro sistema de ciudades. Galicia tiene un sistema urbano policéntrico en el que dos aglomeraciones urbanas (La Coruña y Vigo) concentran el capital, la información, el empleo, la producción y la población. Una tercera ciudad ejerce el papel de capital regional. Otras cuatro ciudades medias o pequeñas, según cual sea la perspectiva desde donde se mire, completan la base de la red urbana regional. Esta síntesis tan abreviada podría llevarnos a unas sucintas conclusiones acerca de las funciones o actividades que deben localizarse en cada ciudad; al menos en lo que a la inversión pública se refiere, porque en la privada el criterio es la competitividad del territorio y no las presiones políticas, que son las que distorsionan la lógica del sistema. Y su eficacia. Dichas conclusiones pudieran ser las siguientes. Un sistema policéntrico exige primar las complementariedades, nunca las duplicidades. Las inversiones, para su adecuada rentabilidad social, deben programarse en función de la capacidad de demanda de cada área urbana, es decir, atendiendo al bicentrismo socioeconómico y demográfico, para lograr su autosostenimiento y que no se conviertan en una carga permanente para el erario público, que es lo que ocurre cuando la ciudad no alcanza el umbral mínimo para su ubicación. Con esta simple fórmula se evitarían muchas arbitrariedades y decisiones injustas. Cuando ninguna ciudad por separado alcance ese umbral mínimo que una función regional requiera es cuando se debe pensar en la capital regional. Esta exposición, aunque muy simplificada, sería suficiente si todos la tuviéramos clara para enjuiciar los hechos. Pero hay algo más que añadir; la inversión pública en un modelo de gobierno y de desarrollo territorial descentralizado, que es el que Galicia demanda, debe primar con su impulso a las ciudades con mayor capacidad para competir y para innovar en el sistema internacional de ciudades, salvo que haya razones para el desenclave de un determinado territorio, pero en estos casos deben estar bien explicitadas previamente. Son principios que deberían guiar, entre otros, una política urbana para Galicia que hasta ahora nunca existió. Así pasa lo que pasa. De lo contrario ocurrirá lo que leía en un libro alemán publicado en 1973 (Alemania tiene un sistema de ciudades policéntrico), que decía que el policentrismo urbano tiene muchas ventajas (de hecho ahora lo recomienda la Unión Europea en sus directrices) pero tiene un grave problema: si no hay una política razonable y equilibrada, las ciudades productoras estarán desviando sus aportaciones monetarias y fiscales para sufragar los gastos de las ciudades que se comportan como ciudades consumidoras. La realidad es que, no sé si con razón o sin ella, tanto en La Coruña como en Vigo hay este sentimiento hacia Santiago, y de ello se acusa al Gobierno regional. Ya digo que no creo que sea así, pero para dejarlo claro sería muy conveniente conocer los datos reales, y a partir de ahora programar una política urbana basada en el equilibrio, la equidad y las complementariedades, con una perspectiva internacional, porque son las grandes ciudades europeas, esas que casi no tenemos, las que estructuran la red nodal del comercio internacional, y lo que es más importante, las que generan la innovación, el conocimiento y las inversiones. Lo que no podemos es seguir así permanentemente.