Otra vez, amenazados

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

CON MILLONES de españoles dispuestos a iniciar un plácido descanso, con el Congreso y el Senado ya constituidos, con el jefe de logística de ETA en un calabozo francés y con Arnaldo Otegui con un pie en la cárcel, han querido volver a amargarnos la existencia. A sembrar el terror y el pánico en un país que aún no se ha recuperado, ni se recuperará prontamente, del último zarpazo. Esta vez, como la pasada, el objetivo eran unos pacíficos pasajeros. Los del AVE Madrid-Sevilla, muchos de ellos camino del sosiego y de la quietud. La fortuna quiso que se descubrieran a tiempo los doce kilos de explosivo. Y que todo se quedara en un susto, no exento de rabia y tristeza. Pero son demasiados hostigamientos en muy pocos días. El vil atentado del 11-M, las cartas-bomba a tres periodistas y la fracasada voladura de un tren ayer mismo, nos llevan a pensar que estamos en uno de los peores momentos de acoso terrorista. Cuando las fuerzas policiales investigan la autoría del propósito de barbarie, y a la espera de los resultados, se han encendido todas las alarmas. Porque la intimidación asesina se intensifica. Noam Chomsky, en su magistral libro Poder y terror , reconoce que existen amenazas terroristas por todas partes. En Oriente, en Occidente, en el Norte y en el Oeste. Es cierto. Existen en todas partes, pero últimamente en España más. Cuando creíamos que ETA estaba inoperante, resurgen grupúsculos anarquistas y se presenta con todo su resplandor el integrista islámico. Cuando creíamos estar a punto de vencer la maldición de los descerebrados, nos brotan por todos los lados. Hasta hace bien poco sabíamos que detrás de cada amenaza encontrábamos a ETA. Pero, en sólo unas semanas, el panorama se nos ha embrollado. Y a tal momento nos encontramos despistados, acosados y, permítanme la licencia, acojonados .