JOSÉ LUIS Rodríguez Zapatero ha formado un equipo de gobierno con el que quiere ilustrar el «cambio tranquilo» que desea llevar a cabo y que él mismo anunció en mayo del 2000, cuando era el líder de Nueva Vía y reflexionaba sobre la posibilidad de presentar su candidatura a la secretaría general del PSOE. Hablaba entonces de la necesidad de cambiar el proyecto de este partido «y darle un baño de modernidad», para lograr «un nuevo socialismo capaz de derrotar a la derecha». De algún modo, las personas ahora elegidas responden al «objetivo cumplido» que significó la victoria en las pasadas elecciones. Forman un Gobierno paritario (ocho hombres y ocho mujeres) con una combinación de independientes y de afiliados, de veteranos con experiencia en la gestión pública y de jóvenes promesas, seis de ellos procedentes del comité de notables y cuatro de la Ejecutiva. Componen la primera foto de familia del próximo Gobierno, y a ellos corresponderá ejecutar el cambio de estilo y de prioridades anunciado, es decir, el cambio sin ruptura que ha prometido el líder socialista. Un «gobierno del cambio» que impulse el diálogo y la concordia desde la responsabilidad y la transparencia. Ésta es la voluntad inicial comprometida. Y ciertamente esta voluntad debería contar con el tiempo necesario para hacerse patente y visible, ordenadamente, sin provocaciones y sin prisas, sin sobresaltos condicionantes. Algunas de las dificultades que se vislumbran en el futuro ya estaban en el pasado o se han fraguado en él y son sustancialmente conocidas, pero la mejor forma de afrontarlas (por todas las partes concernidas) es darles su oportunidad en el momento adecuado. La lucha contra el terrorismo, la España social, la cohesión territorial, la construcción europea, etcétera, constituyen esa agenda inevitable que significa a la vez una oportunidad y un desafío. La agenda que muy pronto asumirá, en plenitud de gestión, un hombre que ha reiterado que el poder no lo va a cambiar. Es su hora. La hora de Rodríguez Zapatero al frente de un Gobierno cuyos nombres han sido bien recibidos y en los que ya radica la esperanza de una buena gestión. La hora del «cambio tranquilo».