ES TENTADOR comenzar la acción de gobierno enarbolando la bandera del progreso. Parece que Zapatero va por ese camino: España, sumida en la oscuridad de ocho años de gobierno nacionalcatólico, va a ser por fin iluminada... De ahí la propuesta despenalizadora del aborto practicado en las 12 primeras semanas de gestación. La moral es un sistema público que se dirige a disminuir la cantidad de mal en el mundo, protegiéndonos en nuestras vulnerabilidades. Aunque la vida no sea un valor absoluto y sea legítimo hacer consideraciones sobre su calidad, es indiscutible que su respeto es un valor básico de la convivencia. Es un dato de la experiencia que el ser humano no se basta a sí mismo, vive en el ámbito de la fragilidad y la menesterosidad, no sólo en su génesis sino a lo largo de su itinerario existencial. Por eso el cuidado pertenece a la esencia de lo humano. Las situaciones límite sólo agudizan esa fragilidad. Que un sujeto demande un mayor cuidado no le resta ni un ápice de valor. La actitud de terceros ante él sólo será éticamente satisfactoria cuando respete, valore y promueva su vida. El respeto significa disposición incondicionada a considerar y defender a todo ser humano como una realidad de la cual no se puede disponer. El progreso sería que, profundizando en nuestra herencia humanista, afirmásemos un núcleo de valores no negociables, válidos a través del tiempo y de las diversas variables geográficas y culturales, basado en las características fundamentales de esos seres vulnerables que somos los humanos. No son las personas quienes dotan de valor a embriones y fetos. Ni son propiedad privada ni podemos disponer de ellos hasta que tomen posesión de sí mismos como entidades conscientes. La continuidad del proceso que arranca de la constitución del nuevo ser lleva a afirmar que el derecho a la vida que atribuimos al recién nacido debe extenderse a las etapas previas. La defensa de la vida así entendida no nace de creencias religiosas, obedece a razones antropológicas. Por cierto, la progresía española no se molestó porque una ética inspirada en el Evangelio llevara a oponerse a la guerra en Irak, pero sí molesta que esa misma ética se oponga al aborto. Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, decía que «quien justifica el aborto, justifica la pena de muerte, y yo estoy contra la pena de muerte y contra el aborto. Ser progresista significa defender la vida y nada más».