La lección que no fue

OPINIÓN

LO RECUERDO bien. Empezaba la última semana de la campaña electoral y yo trataba de escribir esta columna todavía bajo el impacto del gran titular de Le Monde en primera página: «La lección de José María Aznar a la derecha francesa». ¡Ahí era nada! Sobrado de convicciones y de encuestas favorables en la lid nacional, nuestro presidente del Gobierno le daba un repaso a la situación europea y ponía contra las cuerdas al veterano presidente francés, de 71 años, recordándole, desde el mirador de sus 51, que «el poder no debe tenerse más que un tiempo». Me vino a la memoria entonces que Jacques Chirac no era santo de la devoción de Aznar exactamente desde el 17 de julio de 1995, cuando el entonces candidato popular contra Felipe González fue recibido por el líder francés en el Palacio del Elíseo con menos atenciones de las deseadas. El jefe del Gobierno español aprovechaba ahora sus declaraciones para ajustar cuentas (con Jacques Chirac y, de paso, con Felipe González) al asegurar que «no hay nada peor que un líder simpático que sea un mal dirigente». Por si quedaba alguna duda, añadía que Chirac era «un jefe de Estado muy simpático». Cuenta saldada. Estábamos, como digo, en plena campaña electoral y Aznar se prodigaba a su antojo, «sin complejos», reivindicativo de su labor, sin arredrarse ante la posibilidad de crispar, y convencido de que iba a terminar sus ocho años de Gobierno con una lección magistral. El setentón Chirac había pagado el engolamiento que en 1995 le impidió ver al pujante líder que tenía delante. Era cuando todos se empeñaban en negarle el carisma que le atribuían a Felipe González. Pero después vino la mayoría popular del 2000 y se acabó el rollo del carisma. Y ahora le tocaba impartir la última lección: la retirada en pleno éxito, con la sucesión bien atada. Dios mío, ¿qué les quedaba a los demás líderes? ¿Cómo igualar semejante proeza? ¿Quién había tenido la última palabra si no él?... En esto pensaba yo este fin de semana, convencido de que estaba rememorando algo que había ocurrido hacía mucho tiempo. Pero no. Ocurrió hace apenas quince días, cuando Aznar simplemente no pudo dar su última lección. ¡Para fiarse de la Historia anunciada!