El arte y el hombre

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

A MEDIADOS del siglo XV apareció en Portugal un milagro de la pintura. Preparado quizás este descubrimiento por el del océano del alma, más vasto aún que los mares surcados por los grandes navegantes. Me refiero a Nuno Gonzalves, cuyo políptico de San Vicente representa todo un catálogo de la dignidad humana. Caballeros, damas, representantes de la aristocracia de la sangre y del espíritu, con libros y espadas como armas, en cuyos rostros graves, serenos, introspectivos, se muestran las mejores actitudes ante la vida. Y ante la muerte, un siglo después, en otro maravilloso y conmovedor cuadro que nos muestra a la aristocracia toledana presidida por El Montano en un grupo verdaderamente iniciático, donde vuela el alma en brazos del ángel hacia el conocimiento experimental de lo sagrado. Luego, Velázquez nos ofrece otra forma de la dignidad humana, la del militar honorable, Ambrosio de Spínola, que en un hermoso gesto impide al derrotado gobernador de Breda que se humille ante él. Basten estos ejemplos para ilustrar la altura espiritual de los siglos de oro de las dos naciones ibéricas, que se refleja en el Arte, el verdadero, el objetivo en el que nada hay accidental, pese a ir dirigido a la emoción más que a la Razón, « hecho de una alquimia de tal virtud que quien lo sabe tratar lo volverá en oro purísimo». Pero estamos en siglos de hojalata donde se manifiesta la supremacía de la Materia y sus intereses frente al Espíritu y sus valores, de suerte que las modas gráficas las marcan gentes sin vergüenza, capaces de adular a la cultura americana hasta conseguir el codiciado icono que la representa y luego insultarla. En verdad, la España auténtica ¿es la de los héroes almodovarianos? ¿qué pasa en nuestra querida tierra para que buena parte del público, y casi toda nuestra retroprogresía, se vea reflejada o se identifique con su microcosmos de putas, chaperos, yonquis y criaturas rotas?