El detonador

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

16 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EN ESPAÑA hemos sufrido, hemos vivido, estamos viviendo todavía los efectos de una tragedia para la que ninguna sociedad está preparada psicológica ni socialmente. Las terribles bombas colocadas en los trenes de cercanías de Madrid rebasaban todos los límites soportables. Las consecuencias seguirán afectando a nuestras mentes durante mucho tiempo, aunque esto es lo de menos si pensamos en las familias rotas, en las personas destrozadas, en los supervivientes mutilados. No existen palabras. Casi se puede asegurar que todos seguimos bajo la influencia de un estado de shock . Y es que los terroristas islámicos han destrozado las vidas de muchas personas, pero también han destrozado las encuestas, los estados de opinión, las intenciones de voto, han cambiado las expectativas y lograron percutir todas las espoletas y estallar los detonadores de gran parte de la sociedad española contraria al apoyo de España a la guerra de Irak. Algunas personas, especialistas en comunicación de crisis y comunicación en general sostienen la idea de que la influencia de los atentados en los resultados electorales estuvo provocada por la mala gestión de la crisis y por la forma de ofrecer la información por parte del Gobierno y por el intento de no decir desde el principio lo que estaba pasando. Yo, por mi parte, creo que una catástrofe de tal magnitud provocada por una organización terrorista islámica era una bomba en la línea de flotación del Gobierno de Aznar, de la que no le podía salvar nadie, ni el más experto en comunicación de crisis ni el mago de las palabras más avezado. Estaba todo perdido para el Gobierno y para el candidato del PP. Creo que fue así, porque se produjo el lógico mecanismo mental automático en la población: esto ha sucedido por apoyar la guerra de Irak, esto es lo que nos trae tener tropas en Irak, la culpa la tiene el Gobierno del PP, o el PP, o Aznar. Era un razonamiento automático, de puro sentimiento humano, social, previsible. No había nada que hacer. Luego ya se puede añadir que la forma de asumir los hechos era equivocada, o que trataba de disculpar, o de tomar a la población por tonta, lo que fuera, el veredicto ya estaba firmado. Las bombas de Madrid han traumatizado a la sociedad y han provocado una explosión retardada en las encuestas de opinión o en las expectativas electorales, han conseguido cambiar un Gobierno y han metido la angustia en toda Europa. Nada de esto hubiera sucedido sin las bombas, si no existiesen seres, con apariencia de humanos, capaces de poner una bomba debajo del asiento de su compañero de viaje, en ese tren de cercanías donde muchos, jóvenes, niños, mayores, emigrantes, trataban de comenzar un nuevo día, con sus esperanzas, sus ilusiones, sus proyectos. Nada de esto hubiera sucedido si no existiese eso que denominan terrorismo internacional y que ya también lo conocemos nosotros demasiado de cerca.