LAS GENTES de este país han podido optar entre seguir igual o cambiar. Pero en la recta final apareció el terrorismo y rompió las tendencias que marcaban las encuestas. Escucho a las buenas gentes de este país y saco en conclusión que el PP ha perdido las elecciones por su conducta ante los ciudadanos, por su apuesta televisiva al mantener su versión frente a la realidad, por la torpeza de algunos ministros que cada vez que salían en la pequeña campaña provocaban las iras del respetable. Hay gentes que no pensaban votar y lo decidieron en la jornada de reflexión, precisamente por lo que en ella aconteció. Y ahí hubo mucho voto joven, dispuesto a castigar las mentiras y las manipulaciones. ¡Quién lo iba a decir hace dos meses! Entonces se hablaba de mayoría absoluta. Pero no se contaba con los errores de quien, ante un atentado como el de Madrid, iba a ser tan torpe y prepotente. Una vez más, el pueblo estuvo a la altura de los momentos duros y despiadados que compuso una riada de gentes en las calles de nuestra España. Quien no estuvo a la altura de las circunstancias y de la madurez del paisanaje fue quien pensó que ganando tiempo podía evitar la relación causa-efecto, entre una guerra lejana que no nos correspondía y el atentado de Madrid. Nos hicieron creer que era ETA. Era lo más fácil. Pero no contaron con una ciudadanía que iba a exigir la verdad de inmediato y que se iba a revolver contra la sospecha de manipulación informativa. Ahora nada será igual. Entre otras razones por la sorpresa y la lección que ha dado el pueblo español. Este país precisa estabilidad para mantener lo que hay de bueno y variar lo que se hizo de malo y peligroso. Que nadie simplifique en su favor. Hay muchos votos de castigo a la mentira. Que nadie piense que han ganado sus teorías. Hay un mensaje ciudadano a la política y a los partidos, mostrando la capacidad que tiene el cuerpo electoral para sancionar hechos como los que nos ha tocado vivir desde el pasado jueves. Ha ganado la democracia, que ha puesto de manifiesto que no sólo es posible la alternancia; es posible el cambio en poco tiempo, cuando los acontecimientos así lo aconsejan y los políticos se empeñan en darle la espalda al pueblo. Ojalá, a nadie se le suba a la cabeza el resultado. Ojalá que sirva de lección y de acicate para poner en marcha cambios, con detenimiento, en nuestro sistema, para que todos quepamos y estemos cómodos.