ANTE LA AVALANCHA de cartas de lectores indignados por la barbarie vivida el jueves en Madrid no es posible permanecer en silencio y no hacerse eco del dolor propio y del expresado por nuestros fieles comunicantes. Éstos han agotado los calificativos del diccionario para referirse a la masacre del día 11 y nos transmiten todo tipo de sugerencias sobre lo ocurrido, sobre sus autores y sobre lo que los españoles deberíamos reflejar hoy en las urnas. Pero en lo referente a lo publicado en La Voz, han sido varios los lectores que se han quejado por las fotografías que el periódico ha seleccionado para ilustrar la información de la masacre de Madrid y, sobre todo, la que ocupa gran parte de la primera página. Así, desde A Coruña, Nacho Mora escribe: «Creo que todos sentimos un gran dolor por este tipo de crímenes y que, en cierta manera, nos hacemos una idea del terror vivido ayer [por el jueves] en Madrid. Ahora bien, ¿es realmente necesario utilizar imágenes como la de la portada de La Voz? ¿Vamos a ser más conscientes del dolor por ver estas fotos? Mi opinión es que no. Creo que escuchando (o leyendo) el testimonio de algunas de las víctimas ya se nos parte el alma y se nos llenan los ojos de lágrimas. Sé que ya trató de este tema, pero quiero reiterarlo porque opino que es completamente innecesario ver determinadas imágenes. Es más, ayer [jueves] oí a víctimas del terrorismo que se mostraban en contra de la difusión de imágenes dantescas, pues no hacen bien ni a las familias ni a las propias víctimas». Begoña Ces considera de «mal gusto» la fotografía de la portada. «Por suerte -nos escribe- no tengo ningún amigo, familiar ni conocido entre las víctimas. Pero no por ello dejo de sentir empatía por los familiares y conocidos de aquellas personas que perdieron la vida. Es innecesario mostrar esa imagen de horror y de falta de sensibilidad con sus familiares. Creía que tenían un código deontológico que controlase la publicación de ese tipo de imágenes (...) Yo sólo busco en su periódico información y no necesito ninguna imagen explícita para imaginar tanto miedo y dolor». En la misma línea de argumentación, I. D. A. lamenta que hayamos dado en la portada «unha das fotos máis sanguentas que se poidan imaxinar» y lo atribuye a un «sensacionalismo que non é nin propio nin admisible. Sinceramente digo que se fose a miña nai a falecida que aparece na foto non só me ía sentir incómodo e ferido, senón que tamén lles levaba a xuízo. Creo que La Voz é un periódico suficientemente bo como para non ter que recorrer a tales imaxes para vender máis. Creo que vostedes teñen outro estilo». Contar lo que ocurre Como señala Nacho Mora, el tema de las fotografías ya ha sido comentado en esta sección (7 de septiembre y 16 de noviembre del 2003), donde quedó de manifiesto que no se deben dar de forma gratuita imágenes de mal gusto, truculentas o morbosas. Pero no todos los periodistas, incluidos los de esta casa, tenemos la misma percepción de lo que es el mal gusto, lo truculento o lo morboso. Por las cartas recibidas, deducimos que varias fotos publicadas el viernes hirieron la sensibilidad de algunos lectores, pero daríamos ello por bien empleado si sirvieron para remover algunas conciencias. En cualquier caso cumplimos con nuestra obligación de periodistas de mostrar y contar lo que ocurre, por duro que sea. Imágenes como ésas no deberían ser publicadas jamás, pero no para no herir susceptibilidades, sino simplemente porque no deberían existir. Pero, desgraciadamente, existen. Y es nuestro deber no ocultarlo. De las fotos recibidas el jueves en la Redacción Central de La Voz (de nuestra delegación de Madrid y las agencias Efe, Reuters y AFP), la que aparece en portada (de nuestro fotógrafo Benito Ordóñez) no es ni mucho menos la más espeluznante, a pesar de su dramatismo. En mis treinta años de profesión, es la primera vez que veo que la agencia Efe advierte sobre la dureza de las imágenes enviadas.