El fenómeno Harry Potter

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

EL FENÓMENO Harry Potter tiene mucho de mágico. Porque realmente parece imposible que en un país como España, en que las criaturitas están incursas en un proceso de embrutecimiento desde su más tierna infancia, se puedan programar de saque medio millón de ejemplares de un libro juvenil o infantil. Habrá quien piense que esto no es una excepción a dicho proceso de embrutecimiento inducido para que se vayan acostumbrando a las condiciones de las democracias retrógradas que nos amenazan, sino precisamente uno de sus síntomas. Pero los temas de la magia y de la alquimia tienen un gran efecto civilizador. No en balde gran número de los mejores talentos de la humanidad la han estudiado o practicado. Los Pitágoras, Platón, Dante, Bacon, Newton, Descartes, Spinoza, Kepler, Goethe, Schopenhauer, o la saga española de Montano, Cervantes o El Greco, son un ejemplo notable. Es milagroso que entre los de Beckham o Ronaldo, a un niño le pueda sonar el nombre de un Nicolás Flamel, por ejemplo, tan ligado a los valores esotéricos del Camino de Santiago. Otro estudioso de la magia y la alquimia, el antropósofo Michael Ende, ya había tenido un gran éxito con La historia interminable , que cuenta las aventuras de un niño apocado y algo vulgar, de cuyo pensamiento dependía la conservación o desaparición del mundo de Fantasía. Un cuento hermético porque se achaca a Hermes la idea de que el mundo es sobre todo una realidad mental. Y por eso, cuando nos sintamos deprimidos, como la Gitanilla de Cervantes, hemos de recordar que la conservación de los grandes valores de la humanidad, entre ellos la alegría, depende de nosotros mismos, pues con nuestros pensamientos y viviéndolos podemos mantener su manifestación aquí, transformando el plomo de la basura en que nos hacen movernos, en el oro del Espíritu. Esto es magia.