QUIENES encargan estudios sociológicos los utilizan para mejorar posiciones ante sus hipotéticos clientes y corregir su propia oferta en función de los resultados de esos estudios. Las encuestas electorales se ajustan también a ese patrón, pero tienen a la vez efectos secundarios en la población estudiada. Conocimiento y predicciones que de ellas se derivan inciden a su vez en los ciudadanos, pudiendo modificar sus posiciones ante la oferta electoral. De ahí que se conviertan en un instrumento más de la campaña electoral, y de ahí también que los partidos politicos, inevitablemente, se posicionen ante los resultados de una encuesta, intentando con ello paliar el impacto que sobre la decisión de los ciudadanos pueda tener. La incertidumbre provocada en el ciudadano no se resuelve con un titular que descalifique la predicción. Cierto que la fiabilidad del oráculo es una característica fundamental para su credibilidad, pero cuando se emite una predicción, cualquiera que sea, prende en quien la recibe y lo introduce en un proceso de reflexión. Las encuestas electorales son datos objetivos y también predicciones. En Delfos, el oráculo se manifestaba en la pitonisa, que entraba en trance masticando hojas de laurel o recibiendo emanaciones de las fuentes proféticas del abismo, pero eran los sacerdotes quienes lo interpretaban y transcribían para darlo al peregrino. Las respuestas solían ser más consejos que verdaderas predicciones, y eran tan famosas por su ambigüedad como por sus aciertos. Ambigüedad de la que fue víctima el rey Creso, quien tras haberse asegurado de la fiabilidad del oráculo, preguntó: «¿Qué sucederá si ataco a los persas?» El oráculo respondió: «Destruirás un gran imperio». Creso no entendió que destruiría el suyo. Cuando el oráculo de Delfos se politizó, perdió credibilidad e inició su decadencia. El oráculo era consciente de todo ello, y así fue su respuesta al emperador Juliano cuando éste le consultó: «Dile al rey esto: el templo glorioso ha caído en ruinas; Apolo ya no tiene techo sobre su cabeza; las hojas de los laureles están silenciosas, las fuentes y arroyos proféticos están muertos». Las encuestas, aún con dificultad, se pueden valorar, y el ciudadano es libre para votar por su interés. ¿Propio o ajeno?