Habló el CIS, ¿punto redondo?

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

04 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA ENCUESTA del CIS es la más esperada en cada periodo electoral. El prestigio del Centro y el número de entrevistas efectuadas la convierten en un diagnóstico fiable del lenguaje de las urnas. La que hoy se publica ofrece un detalle insólito: un número exacto de escaños, sin ningún tipo de horquilla. Y resulta muy llamativo (sospechoso para algunos) que al PP le otorgue exactamente 176, los que necesita para cantar mayoría absoluta. Los sociólogos del Centro no tienen la menor duda. Están absolutamente seguros de su trabajo. ¿Por qué digo que es «sospechoso»? Porque hay almas caritativas que susurran «por lo bajini » que no se anunció una victoria mayor para no desmotivar el electorado del PP. Y porque se ha cumplido el ritual: el PSOE, siguiendo la senda marcada por José Blanco, acusa al Gobierno de haber manipulado los datos al alza. ¿Qué se ganaría con esa supuesta manipulación? Un efecto de propaganda para situar a los socialistas como perdedores anunciados e inevitables. Tenemos, por lo tanto, tres encuestas: la oficial, la del rumor y la sospechada por el PSOE. El cronista, naturalmente, se tiene que quedar con la oficial. Y cree que la gran valoración de su pronóstico la hizo el secretario de Estado Jorge Fernández Díez: «La campaña sigue». Yo añado: la campaña se intensifica. La prueba es que Aznar apeló ayer dramáticamente al voto del miedo anunciando que una mayoría de izquierdas podría suponer un «cambio de régimen». Como Aznar marca el tono de la ofensiva (fue quien amenazó primero con sacar el GAL, por ejemplo), sospecho que por ahí irán los próximos mítines de los candidatos del PP. Por eso, a la pregunta del título, ¿punto redondo?, hay que responder: no. Falta una semana de campaña, y en esos días la intención de voto se moverá aproximadamente dos puntos. El Partido Socialista, que en la encuesta del CIS obtiene sólo un resultado de supervivencia, mantiene todavía tres esperanzas: una, que la suma de voto decidido más simpatía mejore notablemente sus resultados. Dos, que se materialice de alguna forma la mayoría de ciudadanos que se pronuncian a favor de un cambio en el gobierno. Y tres, que también tenga repercusión en las urnas esa pequeña mayoría que confiesan preferir a Zapatero como presidente. Frente a eso, el PP está seguro de que, en cualquier caso, nadie le va a arrebatar la victoria. Pero teme que cualquier bandazo, cualquier suceso imprevisto, cualquier acierto del adversario, le «birle» la ajustadísima mayoría que le atribuye el CIS. La última semana va a ser muy reñida. Se van a ver muchos cuchillos. Y todos, clavados en la espalda de Zapatero. Aunque usen el nombre de Ibarra. O de Carod. O de todos a un tiempo.