LA VIOLENCIA verbal y la deslegitimación ética de sus adversarios no es para el PP un recurso táctico, sino estrategia. Las usaron para desbancar al PSOE y durante sus mandatos, y con el miedo a perder la mayoría absoluta las están extremando. Una renombrada ministra desanapalació la lengua de mancillar y estrelló esta bomba: los socialistas no merecen del electorado ni la compasión porque pactan con asesinos. Lo que pretenden con este desmadre es intimidarlos para que obliguen a Maragall a romper la coalición tripartita. Serían unos catetos si lo hicieran: el Gobierno catalán lo deciden los votos catalanes y el Parlamento resultante, el Gobierno central y los partidos estatales no tienen vela en ese entierro. Cada mochuelo a su olivo. Porque en democracia, la responsabilidad política consiste en que el que ha cometido un error que demuestra su incapacidad para desempeñar el cargo lo deje de inmediato. El señor Carod-Rovira debió salir del Ejecutivo, pero corresponde a él y a su partido decidir si está en condiciones de atender la representación parlamentaria que las urnas le encomendaron. Otra interpretación sería exceso de pureza angelical o maniobra de río revuelto. Pero el colmo de la irracionalidad destructiva lo alcanza el ministro Acebes, al felicitar al depuesto líder de ERC porque el fallido intento de ETA no fue en Cataluña. Tal juicio no es de una persona decente y en sus cabales: el agredido trabajó para acabar con el independentismo catalán de querencia armada. Esto lo libra de toda sospecha. Mientras los peones denigran a sus competidores, Rajoy propone diálogo y se parte de risa cada vez que le censuran algo. Nos imaginamos cómo se habrá carcajeado cuando se enteró por la prensa de que en Irak no había armas de destrucción ni terroristas de Al Qaida.