Acebes nos divierte

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

01 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

UNO NO se explica por qué con lo gracioso que es el ministro Federico, el también ministro Acebes sigue empeñado en hacernos reír. Pese a que lo suyo es la seguridad. Uno no entiende tampoco por qué si el ministro Federico se ha apropiado últimamente del papel de titiritero de los convites, otros miembros del Gobierno siguen empeñados en hacerle la competencia. La detención de dos asesinos etarras, en Cuenca, con 536 kilos de explosivos, sólo tiene una lectura: felicitarnos por la operación. Celebrar el acierto de la Guardia Civil y el de haberse evitado una nueva masacre. Ninguna otra. Cualquier nueva interpretación hay que enmarcarla en la maldad, en la falta de responsabilidad y en la mezquindad de quienes no desaprovechan ni la mínima oportunidad para rentabilizar electoralmente los éxitos antiterroristas. En alimentar el enloquecimiento. Porque hay que tener la sangre fría, ante una noticia como la que se produjo en Cuenca, para ser capaz de volver la oración por pasiva. Tratar de utilizar el éxito de la operación para implicar al indolente Carod Rovira es de una perversidad incomprensible. Y no sólo lo hizo Acebes. También lo hizo su siamés Michavila. Y Arenas y Zaplana, el portavoz que nunca miente. Todos hablaron de ETA y de Carod. Como si fuesen lo mismo. Y ampliaron sus arremetidas contra los socialistas. Como si también fuesen lo mismo. A estas alturas de curso, la España seria, la responsable, la mayoritaria, la que no acepta chabacanadas ni ordinarieces, ya no está dispuesta a tolerar bufonadas. Y mucho menos si se levantan sobre un asunto tan dramático como es el terrorismo. El ministro Acebes equivocó su papel. Pretendía volver a meter a ETA en la campaña electoral. Porque le interesa. Pero lo único que hizo fue protagonizar una chuscada. Para divertimento general del país.