La cosecha

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

MARIANO RAJOY se ha incomodado con los dirigentes de su partido. Porque entiende que tratan de romper su tranquila campaña. Y la dirección del PP está enfadada con Mariano Rajoy. Porque considera que no se muestra todo lo contundente que fuera deseable. Es un problema de filosofía. De entender la rivalidad de distinta manera. De afrontar este tiempo de subastas con diferentes talantes. El ministro Federico, las también ministras García Valdecasas y Elvira Rodríguez, el presidente murciano, el de la Diputación de Castellón y los alcaldes gallegos de Toques, Begonte y A Pobra de Brollón, entre otros varios, no se lo están poniendo fácil, con sus declaraciones y actitudes, al candidato popular. Ni siquiera el propio Aznar, manteniendo visible hasta el último momento el talante intransigente y desafiante. Rajoy pretendía una campaña tranquila. Por su propio carácter y personalidad; porque debe entender que ya existe demasiada crispación y porque sabe que lo que más necesitamos y agradecemos los españoles, en estos momentos, es serenidad y sosiego. Además, las encuestas le permiten afrontar los próximos días y aguardar la llegada del día 14 con relativa tranquilidad. Pero en el Partido Popular parecen empeñados en ponerle palos a la rueda de su candidato. ¿Por qué? Sencillo. Porque una gran parte del partido está saboreando los frutos de la cosecha de los últimos cuatro años. Esa cosecha de descortesía, de insulto y de descalificación que el presidente Aznar ha plantado, regado, podado, mimado y cultivado en la última legislatura. Porque muchos han contribuido a que la vida política y social de este país se haya convulsionado hasta extremos inimaginables. Rajoy quiere serenar la campaña. Pero le va a ser difícil. Porque está recogiendo el fruto de la cizaña que los populares cultivaron con esmero.