Agria despedida

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

¿POR QUÉ el mejor presidente español del último siglo se está despidiendo indignado y malhumorado? ¿Es comprensible que el hombre que logró sacar a España del rincón de la historia se vaya irritado y desacreditando a quienes siguen sin compartir sus planteamientos? ¿Por qué, si todo parece indicar que su partido gobernará otros cuatro años, mantiene esa actitud desafiante y ofensiva? José María Aznar ha echado mano del diccionario de los insultos para utilizar sus mejores páginas en sus últimas comparecencias públicas. Incompetentes, radicales, ineptos, cómplices del terrorismo y progres de pacotilla son algunos de los calificativos que el presidente viene utilizando con quienes no forman parte de sus coros y danzas y, por el contrario, recuerdan algunas de las carencias de su gestión, como es su obligación. Cuando aún no ha comenzado la campaña electoral, pese a que pueda parecerlo, la agresividad con la que se viene expresando el presidente resulta altamente preocupante. Porque a nadie se le oculta que la contundencia irá en aumento a medida que avancen los actos. Y este país una gran parte del cual ha padecido en la última legislatura exclusiones, insultos y malos humos, precisa recuperar la normalidad, la cordialidad, la cortesía y la buena educación. Nadie duda que José María Aznar es consciente de las lagunas importantes que nos deja su gestión. Pero tampoco puede dudarse de la satisfacción que siente por los logros que hasta los más críticos le reconocemos. Por eso, porque él se muestra convencido de que ha conseguido que la sociedad española esté a un paso de la felicidad absoluta, no se entiende la acritud de su despedida. Ni se comprende la falta de responsabilidad de un presidente de Gobierno que parece empeñado en dejar al país crispado, enfrentado y humillado.