Todos iguales

| RAMÓN CHAO |

OPINIÓN

12 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

VIVIR ES RECORDAR, dicen los filósofos de la reencarnación.: si la vida es eterna, hemos de pasar por todos los estados y situaciones infinidad de veces. Empédocles de Agrigento recordaba las épocas en las que había sido mineral, vegetal y «pez escamoso en el mar». Para mí, al revés, recordar es vivir. Estoy llegando a una edad en la que cualquier cosa me provoca reminiscencias y vivencias. Estuve el otro día en la Universidad de Toulouse con Méndez Ferrín y Francisco Castiñeira. Vuelvo, leo La Voz que me acababa de llegar y me entero de que la soltura de un pecho de Janet Jackson acaba de provocar un escándalo mayúsculo en Estados Unidos, con amagos de guerra entre la CBS y la MTV. Si esto ocurre allá, imagínense ustedes lo que habrá sucedido en Ávila de los Caballeros hace unos setenta años. Nos lo contó Enrique Tierno Galván cuando con José María Berzosa estábamos rodando Arriba España, historia del franquismo. Habían ido a debutar a la ciudad heroica Rosita la Cebolleta y sus coristas. En un momento, la pícara Rosa se la amañó para que se le saliera un pecho al aire. Excitación, pataleos y gritos ensordecedores de los sufridos abulenses: «¡El otro, el otro!», reclamaban. Subió el encargado al escenario, nervioso, implorante: «Por favor, respetable público, que las autoridades me van a cerrar el local. ¡Les juro que el otro es igual!». Les dije que había estado en Toulouse. Pues también esta ciudad de condes aguerridos me trajo recuerdos imbricados con el suceso anterior. De allí era Chantal, joven, bella, hispanista e hija del alcalde de la ciudad Pierre Baudis. Chantal fue nuestra asistente en la mencionada película que hicimos con Tierno. El viejo profesor , tierno como su apellido y menos asceta de lo que se creía, suspiraba por Chantal, quien a su vez estaba prendada de Chumy Chúmez. Le cogía las manos y le aseguraba que era menos provecto de lo que se decía. No sólo era tierno, sino que tenía un sentido del humor frío y cortante. Cierta vez que Berzosa le hizo repetir a la saciedad una escena, asegurándole que sería premonitoria cuando lo designasen presidente de la República, el profesor respondió: «Eso está hecho; lo difícil va a ser terminar este plano». Lo dijo con el mismo tono hastiado con el que hablaba de «esos muchachos», refiriéndose a los Guerra, Múgica y González. A Tierno Galván lo tengo muy presente en el recuerdo siempre. El fue el único dirigente político que me ofreció que entrase en su partido (el PSP), oferta que decliné y agradecí. Y él fue la única persona con la que me dormí en plena entrevista. Como lo oyen. Un día de julio bochornoso en su domicilio madrileño, después de comer. Encendí el magnetófono y le pedí que me resumiera la situación política de España, cuando Franco estaba desahuciado. Hablaba con voz monocorde, gregoriana. El sopor iba borrando las frases, hasta que me despertó con la conclusión: «Bueno, ya terminamos». Medio avergonzado, paré la grabación, guardé los bártulos y me largué. Su monólogo lo incluí a modo de prefacio en mi libro Después de Franco, España . La dulce Chantal murió a los 22 años en un accidente de coche, creo que en Guadalajara. Antes, había ido con José María Berzosa a Chile, donde realizaron sendos retratos de los cuatro generales que dieron el golpe de Estado. Desde Chile me envió una tarjeta postal dulce, cariñosa, que recibí meses después de su muerte.