Halcones, a vuestros nidos

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

SIEMPRE hubo dos derechas en España: la derecha dura, de muchos principios y convicciones rígidas, y la derecha más tolerante, también de muchos principios, pero que no levanta la voz. La primera fue identificada a lo largo de este cuarto de siglo de democracia como la «derechona». La segunda ha sido siempre, incluso en tiempos del franquismo, la «derecha civilizada». Uno de los méritos de Fraga y Aznar ha sido unirlas. Durante los últimos ocho años han gobernado este país en alternancia. Cuando el PP necesitaba respaldos externos, ponía la cara civilizada. Cuando anduvo sobrado , echó mano de los principios y gobernó como el Papa: desde el dogma y las verdades casi eternas. Ahora toca relevo: se marcha la parte dogmática y viene el tono más suave de Rajoy. Esa es la alternancia. Y hay un sector del PP que asiste incómodo a ese relevo. Le gustarían dos cosas: por una parte, un Rajoy más bravo, más de «Váyase, señor González» y de más griterío en el mitin. Por otra, más dirigentes del PP saliendo a descalificar a Zapatero. Es una reflexión lógica: si Aznar se queda solo en ese combate vehemente, patriótico e intolerante, se quedará con la imagen de un gran radical. En el fondo, lo que pidió su fiel Aragoneses es que los que cobran del PP hagan el favor de socializar esa sensación y repartir su coste. Frente a ese intento, ¿qué dice la historia? Dice que hay que mantener las dos derechas, que son las que consiguen agrupar más electorado. Eso también funcionó en el PSOE con el famoso doble juego de Felipe González y Alfonso Guerra. Pero hay también una gran advertencia en las dos últimas elecciones generales. ¿Cuándo gana más el Partido Popular? En épocas de bonanza. En las elecciones de 1996, con un clima crispado y tensión en el ambiente, aquel PP que parecía lanzado a infringir una histórica derrota al socialismo, se quedó en una diferencia de 300.000 votos. Sin embargo, hace cuatro años, en el 2000, en una situación de tranquilidad y aparcada la crispación, consiguió una mayoría absoluta sin precedentes. Las lecciones de la historia están para ser recordadas. En situaciones de tensión, se moviliza todo el electorado; también el de izquierdas, naturalmente. Por eso hará bien Rajoy en no cambiar de estilo, en seguir exponiendo sus ideas con críticas ajustadas al oponente, y en contener a los halcones de su partido. Cuanto más tranquilas estén las aguas políticas, más terreno habrá para la moderación, que es su territorio. Si la sociedad española está expresando deseos de cambio político, no es por variar la política económica. Es por cambiar un estilo que ha producido cansancio, rechazo, y no coincide con el tono vital de la sociedad española.