Mariano Rajoy en Austerlitz

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

10 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ANUNCIO del Partido Popular de que endurecerá su campaña contra el Partido Socialista resulta, entre otras cosas, sorprendente. Pero, ¿es que la campaña antisocialista del PP puede ser más dura todavía?, se preguntarán contritos muchos de ustedes con razón. Pues tal parece. Aceptado, en cualquier caso, que siempre es posible en política alzar un punto más la inclemencia contra los adversarios democráticos, pues esa inclemencia suele depender menos de los supuestos errores del que la sufre en cada caso que de la laxitud moral de quien decide convertirla en su principal arma de combate, la pregunta es muy sencilla: ¿Qué ventajas puede reportarle al Partido Popular subir el diapasón de su campaña cuando todas las encuestas lo dan por seguro ganador de los próximos comicios? En realidad, la utilidad de ese incremento de dureza sólo resulta comprensible a la vista del auténtico objetivo del PP. Objetivo que no es, por supuesto, como pudiera parecer a simple vista, el de ganar las elecciones con una mayoría que le permita a su candidato a presidente gobernar durante el cuatrienio 2004-2008. No, al igual que Napoleón Bonaparte en la célebre batalla de Austerlitz, el Partido Popular no persigue ganar las elecciones generales al Partido Socialista, sino derrotarlo el 14 de marzo de modo tal que no pueda volver a levantarse. O, cuando, menos, que no pueda volver a levantarse por una larga temporada. Es esa una estrategia que, como la de emperador corso en Austerlitz, se basa en la presunción de que el adversario responderá como quien ataca supone que actuará. Bonaparte desguarneció su flanco derecho a fin de dividir en dos partes al ejército austro-ruso, que hizo exactamente lo que el gran estratega supuso que iba a hacer, brindándole así una victoria decisiva. Por seguir con la metáfora -y descontado, claro, que esto no es una guerra por fortuna, y que Aragonés y Elorriaga están a una distancia de mil millones de kilómetros de aquel pequeño gran emperador de los franceses- los estrategas del PP desean también una victoria aplastante sobre la tropa socialista (así la ha denominado Rajoy, de hecho, alguna vez) pues suponen que esa victoria será el inicio de una guerra interna en el PSOE que no sólo acabará con Zapatero, sino que hará estallar, antes o después, a su organización en mil pedazos. Así, por terrible que pueda parecer, están las cosas. Solo hay que esperar, por el bien de nuestra democracia, que quienes pueden facilitar con sus maniobras la división interna del PSOE, no vayan a permitir, con su torpeza, la entrada en tromba de sus adversarios políticos e ideológicos. Como en Austerlitz.