Anorexia europeísta

OPINIÓN

MUCHOS de los que creemos que la Unión Europea merece tiempos mejores echamos en falta a los grandes europeístas de antaño. Bastaría con recordar unas recientes declaraciones del ex canciller alemán Helmut Kohl en el Frankfurter Allgemeine Zeitung , después de dos años de silencio, para saber de qué estamos hablando. Kohl cree que la Constitución Europea, rechazada en Bruselas, es un compromiso aceptable, y sostiene que se hubiera aprobado sin dificultades si antes la UE no se hubiera enzarzado en una dura controversia interna sobre la guerra de Irak. ¿Qué está fallando? Casi todo. No ha existido la predisposición necesaria para «tener en cuenta los comprensibles intereses de los países vecinos». Y se ha amenazado con un directorio de los grandes países que decida por los pequeños, lo que vendría a contradecir la esencia misma del Tratado de Roma de 1957 y sería «un mal presagio para la futura UE». Kohl no tiene pelos en la lengua: «Tenemos que librarnos de la idea de que el tamaño de un país tendría que reflejarse con exactitud en el número de votos», porque el influjo de una nación «depende de su economía, de su cultura y de su prestigio en general, no sólo de su demografía». Aviso para navegantes prepotentes. Tampoco se imagina una UE dominada por franceses y alemanes, porque, según cree, la posición geográfica obliga a Alemania a desempeñar un papel de centro. Y, por supuesto, considera «una verdadera vergüenza» que precisamente su país no cumpla el Pacto de Estabilidad y ande con triquiñuelas. «Yo no puedo callar ante esta infamia de la política alemana -dice-. Porque despilfarramos la confianza que nuestros vecinos y el mundo habían depositado en nosotros». El ex canciller se opone igualmente a una Europa de dos velocidades y asegura que habrá una Constitución europea porque ni la política de Schröder es el futuro ni hay más destino para Francia, Alemania, España o Polonia que reencontrarse en la confianza y en el compromiso. Es su viejo discurso ¡y sin embargo suena tan nuevo! Con gusto titularía este artículo: ¡Que vuelva Kohl! A ver si al menos retorna su visión de Europa.